La soberbia y el desdén de la 4T hacia las instituciones educativas del país quedaron una vez más al descubierto. Mario Delgado Carrillo, dirigente nacional de Morena, ha dado una muestra más de su absoluto desinterés por las demandas de los jóvenes mexicanos al plantar a estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) que esperaban una respuesta a su pliego petitorio.

La cita, que se esperaba fuera un espacio de diálogo y solución, se convirtió en un acto de burla y abandono. Los estudiantes, que mantenían tomadas las instalaciones de Canal Once desde el pasado 22 de mayo, habían convocado a Delgado Carrillo para exponerle directamente sus necesidades y exigir soluciones concretas. Sin embargo, el líder guinda optó por la evasión, dejando a los jóvenes con la palabra en la boca y la frustración a flor de piel.

Este acto de cobardía política no es un hecho aislado. Refleja la actitud recurrente de un gobierno que, en lugar de atender las legítimas demandas ciudadanas, prefiere el silencio, la dilación y la confrontación. La promesa de un cambio verdadero y de un gobierno cercano a la gente parece haberse desvanecido en el aire, reemplazada por una retórica vacía y acciones que demuestran todo lo contrario.

La comunidad politécnica, históricamente un bastión de lucha y exigencia social, ha sido blanco de este tipo de desprecios. La toma de Canal Once, una medida desesperada para hacerse escuchar, no ha sido suficiente para conmover la indiferente conciencia de los dirigentes de Morena. La ausencia de Delgado no solo es una falta de respeto hacia los estudiantes, sino hacia la propia institución que representa y hacia los principios que supuestamente defiende.

¿Qué mensaje envía Mario Delgado a la juventud mexicana? Que sus problemas no importan, que sus voces no serán escuchadas, que la política es un juego de poder donde las promesas se olvidan y las responsabilidades se evaden. Este incidente es una cachetada con guante blanco a todos aquellos que creyeron en la transformación que prometió la autodenominada Cuarta Transformación.

La marcha de los estudiantes hacia Zacatenco, como respuesta a esta afrenta, es una clara señal de que no se rendirán. La indignación se ha convertido en determinación, y la exigencia de respuestas se ha transformado en una lucha por el respeto y la dignidad. El IPN, con su rica historia de resistencia y compromiso social, no permitirá que se pisoteen sus derechos.

Es imperativo que las autoridades, empezando por el propio Mario Delgado y el gobierno federal, comprendan la gravedad de sus acciones. La educación pública es un pilar fundamental de cualquier nación que aspire al progreso, y las instituciones como el IPN merecen ser tratadas con el respeto y la seriedad que su labor exige. Dejar plantados a sus estudiantes es un acto de irresponsabilidad que no puede quedar impune.

Este episodio se suma a la larga lista de desaciertos y desatinos del gobierno de Morena. La falta de resultados tangibles, la creciente inseguridad, la crisis económica y ahora el desprecio por la educación, pintan un panorama sombrío para el futuro del país. La ciudadanía observa, y la paciencia se agota.

La comunidad del IPN ha demostrado una vez más su capacidad de movilización y su férrea voluntad de defender sus intereses. La ausencia de Mario Delgado solo ha servido para fortalecer su causa y evidenciar la debilidad y la falta de compromiso de quienes hoy ostentan el poder.

El llamado es claro: el gobierno de Morena debe rectificar su camino. Debe dejar de lado la soberbia y la indiferencia, y empezar a escuchar las voces de los ciudadanos. La educación no es un tema menor, es la base sobre la cual se construye el futuro de México. Y el IPN, con sus miles de estudiantes y su legado histórico, merece ser atendido con la seriedad y el respeto que su labor exige.

La pelota está ahora en la cancha de Mario Delgado y del gobierno federal. ¿Responderán al llamado de los estudiantes o seguirán en su camino de evasión y desprecio? La respuesta definirá no solo el futuro de esta protesta, sino también la credibilidad de un proyecto político que parece cada vez más alejado de las necesidades reales del pueblo mexicano.

La comunidad politécnica no bajará la guardia. La marcha hacia Zacatenco es solo el principio de una lucha que promete ser larga y ardua, pero que cuenta con el respaldo de una sociedad que exige un gobierno que cumpla sus promesas y respete a sus instituciones. El tiempo de las burlas y el desdén ha terminado; es hora de las respuestas y las soluciones.

Este incidente pone en evidencia la desconexión entre la dirigencia de Morena y las bases sociales que supuestamente representan. La ausencia de Delgado no solo es un fracaso de comunicación, sino un síntoma de una enfermedad mayor: la autocomplacencia y la pérdida de contacto con la realidad.

El IPN, como institución emblemática de la educación pública en México, merece un trato digno y respetuoso. La actitud de Mario Delgado es una afrenta a su historia, a sus estudiantes y a todo el país. Es hora de que el gobierno de la 4T asuma su responsabilidad y ofrezca respuestas concretas, en lugar de dar la espalda a quienes más lo necesitan.