Alberto García Aspe, un nombre que resuena con fuerza en la historia del futbol mexicano, ha demostrado que su talento no se limita a las canchas. Tras colgar los botines, el exjugador de Pumas, América y la Selección Nacional ha forjado una exitosa carrera en el mundo empresarial, consolidándose como un referente en la alta cocina con su restaurante Lucca.

Lucca, que abrió sus puertas hace 17 años, se ha convertido en un bastión de la gastronomía italiana en la Ciudad de México, ofreciendo a sus comensales una experiencia que evoca la esencia de la Toscana. La idea, según revela el propio Aspe, nació en su infancia, alimentada por visitas a restaurantes y el deseo de replicar esa magia culinaria.

“Me acuerdo que de chiquito iba al restaurante de Miguel Marín. Llevaba a mis papás a fuerzas a ver si lo podía ver, que me diera un autógrafo o lo que fuera. Desde esa etapa, desde muy chico, se me antojó tener un restaurante”, confesó García Aspe en una entrevista para el canal de YouTube Somos grandes.

Sin embargo, el destino tenía otros planes para el joven Alberto. Su camino lo llevó primero a las canchas, donde se convirtió en un ícono del futbol mexicano. Con una trayectoria destacada en equipos como Pumas, Necaxa y un breve paso por Argentina, su nombre se grabó a fuego en la memoria de los aficionados, especialmente por su participación en tres Copas del Mundo y su memorable actuación en Francia 1998.

Tras su retiro en 2002, García Aspe no tardó en retomar aquel sueño de infancia. Consciente de que el mundo de la restauración requería experiencia especializada, decidió asociarse con profesionales del sector. "Cuando quieres emprender algo, debes juntarte con gente que sí le sabe. Así surge una muy buena oportunidad. Yo me encargué, con un amigo, un compadre, de reunir a los socios y decir: ‘¿le entramos?’", relató.

Esta colaboración estratégica fue clave para el éxito de Lucca. La visión de Aspe, combinada con el conocimiento y la experiencia de sus socios, dio como resultado un restaurante que no solo ofrece platillos exquisitos, sino también una atmósfera que transporta a los comensales al corazón de Italia. El concepto, inspirado en "la Dolce Vita", se refleja en cada rincón del establecimiento.

El compromiso de García Aspe con la excelencia es palpable. Para él, la clave del éxito reside en ofrecer un servicio al cliente impecable y una oferta gastronómica de primer nivel. "Quiero dar el mejor servicio, buena comida y mantenerlo, porque si no la gente se te va", afirmó en declaraciones a Telemundo Deportes.

Pero la faceta empresarial de Aspe no se detiene en Lucca. El exjugador también ha incursionado en el mundo de los vinos con su marca D’8. Este proyecto, que nació de su pasión personal por el vino, se materializó en 2018 tras años de anhelo y planificación.

"El vino me gusta muchísimo, soy un apasionado desde hace muchos años", compartió. La idea de crear su propio vino lo llevó a colaborar con el reconocido vinicultor Hugo D’Acosta, visitando juntos el Valle de Guadalupe en Baja California para dar vida a D’8.

La presentación de su vino fue un hito personal, un sueño cumplido que compartió con amigos y familiares. "Ayer se cumplió para mi un sueño de muchos años: la presentación de mi vino D’8 junto con @dacosta_hugo y mi compadre Eduardo D’Acosta. Estuve acompañado de grandes amigos y mi familia. Gracias de corazón a todos!!!", publicó en sus redes sociales.

La incursión de Alberto García Aspe en el mundo empresarial, tanto en la restauración como en la vitivinicultura, es un testimonio de su visión y determinación. Demuestra que el éxito en el deporte puede ser un trampolín para alcanzar nuevas metas en otros ámbitos, siempre y cuando se combine talento, pasión y una sólida estrategia empresarial.

Lucca no es solo un restaurante; es la materialización de un sueño infantil y la prueba de que el "Vampiro del Futbol" tiene un paladar tan fino como su zurda. Su éxito en la cocina reafirma la importancia de diversificar talentos y perseguir pasiones más allá del ámbito profesional inicial.

El empresario García Aspe ha sabido rodearse de los mejores, tanto en el futbol como en los negocios, y los resultados hablan por sí solos. Lucca se erige como un referente de la cocina italiana, mientras que D’8 se posiciona como un vino de calidad, ambos reflejo del espíritu emprendedor de su creador.