En una época donde el emprendimiento femenino era prácticamente inexistente, María Pons rompió moldes y fundó Productos Marpe en San Luis Potosí, una empresa que transformaría para siempre la forma en que los mexicanos preparan uno de los platillos más emblemáticos del país: el mole poblano.
Todo comenzó en el restaurante del Hotel Progreso, negocio familiar donde María preparaba mole para los huéspedes con ayuda de las mujeres de la familia. La complejidad de elaborar esta receta —que requiere más de 20 ingredientes— la llevó a concebir una idea revolucionaria: crear mole listo para preparar agregando únicamente agua o consomé de pollo.
Para 1941, María ya vendía mole en polvo empaquetado en bolsas de celofán, comercializándolo de puerta en puerta con mujeres vestidas de chinas poblanas. El éxito fue inmediato. En 1953, con el respaldo de su esposo Pedro de Guetto, fundó formalmente Productos Marpe S.A. de C.V., industrializando la producción y expandiendo su catálogo a nopales en vinagre, ate de guayaba, pipián y hasta un kit para tamales llamado 'Tamalina'.
La innovación continuó cuando Ignacio Hernández del Castillo —entonces gerente de Grupo Herdez— sugirió cambiar la presentación de polvo a pasta y comercializarla en vasos de vidrio, formato que permitía conservar mejor el sabor y la frescura. Esta presentación icónica permanece vigente hasta hoy.
En los años 70, María y Pedro decidieron vender la empresa. Hernández del Castillo, quien para entonces lideraba Grupo Herdez junto con su hermano Enrique Hernández-Pons, adquirió Productos Marpe con la promesa de mantener la calidad original. Según Héctor Hernández Pons, descendiente de la familia, el sabor permanece intacto.
Actualmente, Mole Doña María forma parte del catálogo de Grupo Herdez y se exporta a diversos países, pero continúa fabricándose en San Luis Potosí, la tierra que vio nacer tanto a María Pons como a su legado empresarial.
La historia de esta emprendedora potosina es un testimonio del talento y la visión de las mujeres mexicanas que, décadas antes de que se hablara de equidad de género en los negocios, ya estaban construyendo imperios desde sus cocinas.