La República de Cuba, bajo el férreo asedio de las sanciones estadounidenses, se encuentra en una encrucijada crítica para la supervivencia de su vital sector hotelero. El presidente Miguel Díaz-Canel ha anunciado una estrategia audaz para sortear las restricciones impuestas por la administración de Estados Unidos, buscando activamente modalidades de negocio que involucren a inversionistas cubanos residentes en el exterior y a entidades internacionales que no dependan del sistema financiero estadounidense.
Esta iniciativa surge en un momento crucial, justo cuando vence el plazo establecido por el gobierno de Estados Unidos para que las empresas extranjeras corten sus lazos económicos y empresariales con Cuba. La amenaza de represalias pende sobre aquellas compañías que mantengan vínculos con el conglomerado Gaesa, perteneciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR), lo que ha generado un clima de incertidumbre y repliegue en la isla.
La salida de importantes grupos hoteleros españoles, como Meliá e Iberostar, ha dejado un vacío significativo en la oferta turística cubana. En respuesta, La Habana ha decidido mirar hacia su propia diáspora, invitando a los cubanos que residen fuera de la isla a regresar y participar activamente en la gestión y administración de los hoteles. Díaz-Canel se muestra optimista, confiando en que "muchos van a regresar a Cuba a seguir los negocios", a pesar de las dificultades impuestas por lo que describe como "la terquedad con que se ha manifestado la Administración norteamericana tratando de frenar el desarrollo turístico de Cuba".
El mandatario cubano ha expresado un profundo respeto por las empresas españolas que, según él, han trabajado "a brazo partido" con las entidades turísticas cubanas durante mucho tiempo. Lamenta que estas empresas se vean obligadas a abandonar la isla "en contra de su voluntad", subrayando el impacto negativo de las políticas estadounidenses en las relaciones comerciales bilaterales.
Díaz-Canel también ha puesto de relieve el potencial de la planta hotelera existente en Cuba, resultado de inversiones previas. Señaló que estos activos pueden ser utilizados estratégicamente, ya sea para compensar deudas o para forjar nuevas alianzas comerciales, demostrando una voluntad de adaptación y resiliencia ante la adversidad.
Crisis Energética y Resiliencia
Paralelamente a la crisis hotelera, Cuba enfrenta una severa escasez de combustible, exacerbada por las sanciones. El presidente denunció que "el cerco es tan brutal" que el suministro necesario para el país se ve gravemente afectado. Sin embargo, el gobierno no se rinde y ha optado por abrir la importación de combustible al sector privado, una medida que busca aliviar la presión sobre la economía nacional.
Las cifras revelan la magnitud del problema: el sector privado cubano solo ha logrado importar alrededor de 27 mil toneladas de combustible en los últimos meses. De esta cantidad, apenas 6 mil toneladas corresponden a gasolina, una cifra que representa menos de la mitad del consumo mensual del país. Las 21 mil toneladas restantes son diésel, suficiente para cubrir apenas una semana de generación eléctrica.
Ante esta situación, Díaz-Canel ha reafirmado la importancia de depender de las fuentes de energía autóctonas, como el crudo nacional pesado que alimenta las termoeléctricas. La isla ha invertido en ciencia e innovación para refinar este recurso, buscando optimizar su uso y, potencialmente, generar excedentes para otros sectores de la economía.
Transición Energética y Futuro
En un esfuerzo por diversificar su matriz energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles, Cuba está inmersa en un proceso de transición hacia fuentes renovables. El objetivo es aumentar la participación de estas energías hasta el 10 por ciento, con un enfoque particular en la energía fotovoltaica. Actualmente, las fuentes renovables ya generan más del 48 por ciento de la electricidad durante el día, llegando en ocasiones al 50 por ciento.
Además, se han implementado medidas para recuperar la capacidad operativa de las termoeléctricas mediante pequeñas instalaciones y se ha trabajado en la disminución de los apagones. La utilización de biomasa y biogás también forma parte de esta estrategia integral para garantizar un suministro energético más estable y sostenible.
Díaz-Canel concluyó su intervención con una crítica a la política estadounidense, señalando que "los gendarmes del aparato de gobierno norteamericano, cada vez que se enteran de que un barco viene con intenciones de llegar a Cuba, hacen presión". Un ejemplo de esta presión es que, en más de cinco meses, solo un barco ruso ha logrado llegar a la isla con suministros, evidenciando las dificultades logísticas y comerciales que enfrenta el país caribeño.
La estrategia de Cuba de abrirse a inversionistas no vinculados a Estados Unidos, tanto cubanos en el exterior como extranjeros, representa un intento por salvaguardar su industria turística y su economía en general. El éxito de esta política dependerá de la capacidad del gobierno para atraer capital y gestionar eficazmente los recursos disponibles, mientras navega por el complejo panorama geopolítico y las persistentes sanciones estadounidenses.