Residentes de los fraccionamientos La Fortaleza y Lomas de Tecámac enfrentan una emergencia sanitaria provocada por emanaciones tóxicas que provienen de un depósito vehicular inundado y un tiradero ilegal de basura. Las autoridades municipales no han dado respuesta pese a que la situación pone en riesgo la salud de cientos de familias.
Las intensas precipitaciones de los últimos días dejaron completamente sumergidos decenas de vehículos almacenados en un corralón municipal ubicado en la zona limítrofe entre Tecámac y Ecatepec. Los líquidos automotrices —aceites, gasolina, anticongelante— se mezclan con el agua de lluvia y se filtran hacia los mantos acuíferos, generando un cóctel químico que ya contamina el suministro doméstico.
"El hedor es insoportable cuando sale el sol. Nos duele la cabeza, tenemos náuseas y el agua que sale de la llave huele horrible", relataron habitantes alarmados. Una barda del corralón colapsó por la presión del agua acumulada, exponiendo la magnitud del desastre: vehículos flotando en un lago artificial de contaminantes.
Pero el problema no termina ahí. A pocos metros opera un basurero a cielo abierto en Lomas de Tecámac que, aunque oficialmente clausurado, continúa recibiendo camiones cargados de desechos sin supervisión alguna. Los sellos de clausura del ayuntamiento son letra muerta: nadie controla qué tipo de residuos se arrojan ni se les da tratamiento adecuado.
Los escurrimientos del tiradero avanzan peligrosamente hacia las viviendas. Solo la barda perimetral del fraccionamiento La Fortaleza impide que el agua contaminada invada las casas, pero los vecinos temen que sea cuestión de tiempo antes de que ceda.
El Código Penal del Estado de México contempla sanciones de hasta 25 años de prisión por delitos ambientales relacionados con descarga de residuos contaminantes. Sin embargo, hasta el momento ninguna autoridad local ha emitido declaración alguna sobre esta crisis que afecta a dos municipios.
La inacción oficial contrasta con la desesperación de los habitantes, quienes exigen intervención inmediata antes de que la contaminación derive en una tragedia de salud pública. Mientras tanto, los olores químicos persisten y el agua sigue llegando turbia a los hogares.