La Organización Mundial de la Salud admitió que el brote de ébola bundibugyo en la República Democrática del Congo se propaga a una velocidad superior a la capacidad de contención de los equipos sanitarios. El país africano reporta 101 casos confirmados, 930 casos sospechosos y 221 muertes sospechosas, según cifras oficiales del Ministerio de Salud.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró durante una reunión virtual con ministros de salud africanos que "la epidemia nos está superando". Más de 2,200 contactos han sido identificados en 11 zonas sanitarias que abarcan las provincias orientales de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur.

La situación se agrava por el conflicto armado en la región oriental del Congo, donde ataques a instalaciones médicas han provocado la fuga de pacientes infectados. Al menos 25 enfermos de ébola escaparon de centros de tratamiento en Ituri durante el fin de semana, después de que multitudes incendiaran tiendas de aislamiento y atacaran hospitales exigiendo la entrega de cadáveres para su entierro. Un paciente confirmado permanece prófugo.

El brote involucra la cepa ébola Bundibugyo, para la cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados. Funcionarios de la OMS evalúan el uso de vacunas experimentales y ensayos clínicos con antivirales y anticuerpos monoclonales.

El caso del cirujano estadounidense Peter Stafford, quien contrajo el virus mientras trabajaba en Congo, ilustra el alcance internacional de la crisis. Stafford fue trasladado a una unidad de aislamiento en Berlín, donde su esposa e hijos permanecen en cuarentena. El hospital Charité reportó su estado como gravemente debilitado, aunque no crítico.

Los desplazamientos masivos, la desconfianza hacia las autoridades y los entierros inseguros aceleran la transmisión del virus. Uganda ya reportó siete casos confirmados vinculados al brote, incluyendo varios trabajadores sanitarios.

Las autoridades sanitarias enfrentan el doble desafío de contener una epidemia de rápida expansión mientras operan en zonas de conflicto activo, donde la infraestructura médica está bajo ataque constante y la población desplazada dificulta el rastreo de contactos.