La Organización Mundial de la Salud elevó este viernes el nivel de riesgo del brote de ébola en República Democrática del Congo a "muy alto", su categoría máxima. El secretario general Tedros Adhanom Ghebreyesus advirtió que la epidemia se propaga rápidamente en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, divididas por el frente de batalla entre fuerzas congoleñas y el grupo armado M23, respaldado por Ruanda.
La situación de guerra ha convertido la respuesta sanitaria en un escenario de caos. José Luis Michelena, director ejecutivo de Médicos Sin Fronteras para México y Centroamérica, explicó que los campos de desplazados internos masivos dificultan las medidas de prevención. El hacinamiento y la geografía selvática de difícil acceso complican el aislamiento de pacientes, el rastreo de contactos y la sensibilización comunitaria.
La variante responsable del brote, Bundibugyo, representa un desafío adicional: no existe tratamiento específico ni vacuna efectiva contra ella. A diferencia de la especie Zaire del ébola, para la cual sí hay inmunización, los pacientes infectados con Bundibugyo solo reciben cuidados paliativos. La supervivencia depende exclusivamente de la respuesta inmunológica del propio organismo.
El diagnóstico también presenta obstáculos. Las pruebas PCR, el método más confiable disponible, tardan días en entregar resultados. Esto obliga a mantener en aislamiento a más personas de las necesarias, saturando instalaciones sanitarias ya limitadas. Hasta el sábado se confirmaron dos casos en Uganda, incluyendo una muerte, evidenciando la porosidad de las fronteras en la región de los Grandes Lagos.
Michelena advirtió sobre la interrupción de servicios sanitarios esenciales en la zona de conflicto. La atención a enfermedades como sarampión, meningitis y malnutrición, así como el tratamiento de heridos de guerra, se ha visto comprometida por la concentración de recursos en el ébola.
Respecto a la Copa Mundial que se celebrará en México y Estados Unidos, donde la selección congoleña jugará en Guadalajara el 23 de junio, el director de MSF pidió matizar los temores. Señaló que Bunia, epicentro del brote, es una población aislada de 200,000 habitantes en medio de la selva y el conflicto, sin conexión directa con los jugadores que viajarán al torneo. La Secretaría de Salud mexicana emitió alertas de viaje y protocolos de vigilancia para personas provenientes de África central.