Colombia se encuentra en un punto de inflexión crucial este domingo, cuando sus ciudadanos acuden a las urnas para elegir al sucesor del presidente Gustavo Petro. La jornada electoral se desarrolla bajo el ominoso telón de fondo de la peor ola de inseguridad que ha azotado al país en la última década, un factor que ha marcado profundamente la campaña y las expectativas de los votantes.

El mandatario saliente, Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, abrió la jornada electoral. Acompañado por una de sus hijas y vestido de blanco, Petro enfatizó la importancia de un voto libre y sin presiones. A pesar de no poder buscar la reelección, Petro deja el poder con una considerable popularidad entre las clases bajas, habiendo logrado reducir los índices de pobreza monetaria, el hambre y el desempleo, además de expandir los programas sociales en una nación históricamente marcada por la desigualdad.

Sin embargo, la sombra de la violencia planea sobre el futuro del país. María Eugenia Motato, un ama de casa de 57 años residente en Suárez, un municipio del suroeste colombiano asolado por la actividad de guerrillas y narcotraficantes, expresó la angustia generalizada: "El próximo presidente que nos ayude (...) para tener algo de tranquilidad, algo de paz, porque así como están las cosas, estamos muy nerviosos, hay mucho, mucho conflicto".

En la contienda electoral, el senador Iván Cepeda, de 63 años, lidera las encuestas de intención de voto. Cepeda, cercano a Petro, busca dar continuidad a las políticas del actual gobierno, enfrentando una compleja crisis fiscal y el recrudecimiento de la violencia. Al votar en un barrio popular de Bogotá, Cepeda se mostró optimista: "Celebraremos el segundo gobierno progresista en Colombia", afirmó, proyectando la consolidación de un proyecto de izquierda en el poder.

En el extremo opuesto del espectro político se encuentra Abelardo de la Espriella, un abogado millonario de 47 años que se autodenomina "El Tigre". Con un discurso confrontativo y un símbolo de saludo militar, De la Espriella promete mano dura contra el crimen organizado, planteando la "muerte o la cárcel para mafiosos". "Hoy estamos defendiendo la democracia y la libertad de Colombia", declaró rodeado de escoltas en Barranquilla, advirtiendo que "vamos a ganar en primera vuelta para derrotar a la tiranía".

La senadora opositora Paloma Valencia, respaldada por el influyente expresidente Álvaro Uribe, se ubica en tercer lugar según las encuestas. La mayoría de los sondeos apuntan a que ningún candidato obtendrá los votos suficientes para ganar en primera vuelta, lo que anticipa un balotaje el próximo 21 de junio, intensificando la polarización.

La jornada electoral, que se extenderá hasta las 21:00 GMT, busca superar la alta tasa de abstención, que suele superar el 40%. Las autoridades electorales esperan tener resultados pocas horas después del cierre de las urnas. Para garantizar la seguridad, el gobierno ha desplegado a 408,000 miembros de la fuerza pública en un país que ostenta la mayor producción mundial de cocaína.

La campaña electoral estuvo marcada por un clima de polarización y miedo, exacerbado por mortíferos atentados de grupos armados, el asesinato de un aspirante presidencial y la negativa de varios candidatos a participar en debates, evidenciando la profunda fractura social y política.

El gobierno de Petro ha sido descrito como "disruptivo", representando un quiebre con las élites conservadoras que han dominado Colombia durante dos siglos. El exguerrillero, que firmó la paz en 1990, enfrentó resistencias del Congreso, las cortes y el banco central ante sus propuestas de reforma.

Juan Camilo Lozano, docente de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional, califica la gestión de Petro como una "posición disruptiva". La base electoral de Petro se ha volcado mayoritariamente hacia Iván Cepeda, un político formado en países socialistas y defensor de los derechos humanos, quien promete priorizar la lucha contra la pobreza y la desigualdad social, enfocándose en las "víctimas del conflicto, indígenas y campesinos".

Sin embargo, la oposición critica duramente la política de "Paz Total" de Petro, que buscaba negociar con organizaciones armadas que continuaron operando tras el acuerdo de paz con las FARC en 2016. Cristina Peña, una comerciante de 50 años, expresó la esperanza de muchos: "Cuando uno viene a votar tiene esa esperanza de que las cosas pueden cambiar", cansada de la "guerra".

Abelardo de la Espriella, por su parte, promueve una propuesta antisistema que incluye bombardeos, fortalecimiento militar y la eliminación de tribunales surgidos del acuerdo de paz. Admirador de figuras como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, propone la construcción de megacárceles y una drástica reducción del Estado. "Estoy aquí (...) para que la izquierda nunca regrese al poder y destruya el país", afirmó, presentando sus mítines como espectáculos con fuegos artificiales y discursos beligerantes.

Samuel Forero, un universitario de 18 años, resume la sensación de muchos: "Vamos a muchos extremos" con ambos candidatos, reflejando la profunda división y la incertidumbre sobre el futuro del país.

Estados Unidos observa con atención estos comicios, dada la importancia estratégica de Colombia en la región y su papel en la lucha contra el narcotráfico. La elección definirá no solo el rumbo político interno, sino también las relaciones exteriores y la estrategia de seguridad en América Latina.

La jornada electoral se presenta como un referéndum sobre el legado de Petro y la dirección que tomará Colombia en los próximos años. La inseguridad, la economía y la polarización política son los grandes desafíos que enfrentará el próximo presidente, independientemente de su afiliación política.