La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha visto mermada su capacidad de presión y movilización, evidenciando un retroceso en su estrategia de boicot al Mundial de Futbol. Lo que se perfilaba como un escenario de confrontación y sabotaje durante la inauguración del torneo se transformó en una demostración de la fuerza ciudadana y la determinación del gobierno, que se negó a ceder ante las demandas magisteriales.

La jornada inaugural del Mundial, esperada con fervor por la afición mexicana, se convirtió en un termómetro de la polarización política y social del país. Miles de personas se dirigieron al Estadio Azteca y al Fan Fest en el Zócalo, dispuestas a celebrar el inicio de la justa deportiva. En el corazón de la Ciudad de México, la multitud que buscaba disfrutar del evento superó en número a los maestros disidentes que mantenían sitiada la Plaza de la Constitución. Los maestros, ante la abrumadora presencia ciudadana, optaron por no confrontar directamente, mientras que en la Calzada de Tlalpan, los aficionados simplemente los hicieron a un lado, demostrando una actitud decidida y un claro rechazo a los bloqueos.

La ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la ceremonia de inauguración del Estadio Azteca, y su decisión de presenciar el evento en un Fan Fest alternativo en el Deportivo Hermanos Galeana, subrayó el clima de tensión y el temor a abucheos. Fue inédito que la máxima figura del país anfitrión no estuviera presente en un evento de tal magnitud. La ceremonia, que debió incluir la presentación del trofeo por parte del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, junto a Sheinbaum, tuvo que ser completada con la actriz Salma Hayek. Esta decisión presidencial, tomada meses atrás, reflejó un diagnóstico certero sobre el ánimo del público, que no recibiría favorablemente a la mandataria.

La polarización política no se limitó a las calles; se infiltró en las gradas del Estadio Azteca. Aunque no se observó una marea de pañuelos blancos como se preveía, los cánticos de "¡Fuera Morena!" resonaron desde el primer tiempo, especialmente en las secciones superiores del estadio, contrastando con el ambiente más festivo en las zonas bajas. Sin embargo, en un punto, la mayoría de los asistentes parecieron coincidir: la CNTE no lograría sabotear la inauguración del Mundial.

La víspera de la inauguración estuvo marcada por la incertidumbre. Negociaciones de más de cinco horas en la Secretaría de Gobernación no arrojaron un acuerdo definitivo. El gobierno federal, a través de Gobernación, comunicó su propuesta de establecer una mesa para explicar la imposibilidad financiera de derogar la Ley del ISSSTE de 2007, dejando claro que la demanda principal de la CNTE estaba, de antemano, rechazada. Paralelamente, el gobierno de la Ciudad de México endureció su postura, advirtiendo que impediría cualquier bloqueo al estadio y respondería con el uso legítimo de la fuerza ante actos de violencia.

Ante la presión gubernamental y la determinación ciudadana, la CNTE pareció dar un paso atrás. Tras más de tres horas de discusiones internas sobre las acciones a tomar, la organización magisterial intentó manifestarse desde temprano, pero fue frenada por la policía y superada pacíficamente por la multitud. A pesar de la ausencia de enfrentamientos directos, un incidente aislado ocurrió tras el primer gol de México: un grupo de encapuchados, vestidos de negro y con estética anarquista, protagonizó una escaramuza violenta con la policía en una de las entradas del estadio, durando aproximadamente 20 minutos.

Es importante señalar que estos grupos radicales no han sido vinculados oficialmente con la CNTE, ni con otras organizaciones de protesta como las madres buscadoras. Sin embargo, su modus operandi y su aparición en momentos de alta tensión han generado sospechas, especialmente considerando sus presuntos vínculos con funcionarios federales y locales involucrados en las negociaciones con la CNTE. El choque buscado con los cuerpos de granaderos, equipados con uniformes tácticos completos, evidenció la preparación de las autoridades para cualquier eventualidad en una jornada de alta incertidumbre.

La CNTE se encuentra en su punto más bajo de fortaleza desde que amenazó con boicotear el Mundial en diciembre. El plazo para un acuerdo con el gobierno, que implicaría la aceptación de todas sus peticiones, vencía el 10 de junio con la apertura del Fan Fest y el 11 con la inauguración del Mundial. Si bien lograron una pequeña victoria táctica al impedir la apertura del Fan Fest en el Zócalo, no pudieron extender su influencia más allá de las 10 de la mañana del día de la inauguración. El evento se desarrolló espectacularmente, marcando la primera victoria de México en la cancha y demostrando la resiliencia de la organización del torneo.

Actualmente, la CNTE enfrenta rendimientos decrecientes. El gobierno ha mantenido una postura firme, negándose a ceder en la demanda sobre la Ley del ISSSTE, una exigencia que, de cumplirse, representaría un suicidio financiero y político-electoral, con costos estimados en 20 puntos del PIB y la deshidratación de recursos para programas sociales. La disidencia magisterial ha perdido impulso y credibilidad, enfrentándose a una postura presidencial que, a diferencia de sus antecesores, no se ha dejado extorsionar.

Este escenario otorga puntos a la administración federal, que ha logrado iniciar la fiesta mundialista con saldo blanco, tal como lo prometió. No obstante, los problemas subyacentes con la CNTE no están resueltos. La protesta magisterial, de hecho, ha servido para galvanizar la inconformidad de otros sectores, lo que incrementa la complejidad de las soluciones. Si la mayoría de las secciones de la CNTE percibe una derrota inminente, podrían radicalizar sus acciones y buscar estirar la tensión con el gobierno.

La polarización social y política, lejos de resolverse, se ha exacerbado. Junto con los gritos contra Morena en el Estadio Azteca, circularon imágenes y mensajes que señalaban a figuras políticas como el senador Adán Augusto López y el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, evidenciando la profunda división que atraviesa el país y que se manifiesta en todos los ámbitos, incluido el deportivo.

La CNTE, al intentar capitalizar el descontento generalizado, se encontró con una ciudadanía decidida a disfrutar del Mundial y un gobierno que, si bien enfrenta críticas por la inseguridad y otros problemas, demostró capacidad para mantener el orden en un evento de alta visibilidad. La estrategia de la Coordinadora de paralizar el país o sabotear eventos clave parece haber chocado contra un muro de resistencia, tanto popular como institucional.

El fracaso de la CNTE en su intento de boicotear la inauguración del Mundial no significa el fin de su activismo, pero sí marca un punto de inflexión. La organización deberá reevaluar sus tácticas y demandas ante un gobierno que ha mostrado una nueva firmeza y una ciudadanía cada vez menos dispuesta a tolerar interrupciones en eventos de carácter nacional e internacional.

La narrativa de la CNTE como un actor capaz de paralizar al país se ha visto seriamente cuestionada. La jornada inaugural del Mundial demostró que, si bien la protesta magisterial puede generar incomodidad, no tiene el poder de detener la voluntad colectiva ni de doblegar a un gobierno decidido a mantener la estabilidad, al menos en eventos de esta magnitud. El desafío ahora para la CNTE será encontrar nuevas formas de hacerse escuchar sin recurrir a estrategias que han demostrado ser ineficaces y contraproducentes.