La Ciudad de México se encuentra en un estado de efervescencia deportiva con la inminente llegada del Mundial 2026, un evento que promete unir a aficionados y celebrar la pasión por el fútbol. Sin embargo, las aspiraciones de una fiesta global se ven empañadas por las acciones disruptivas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), cuyo activismo ha escalado hasta el vandalismo y la generación de un clima de inseguridad que pone en riesgo la celebración.
El secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto Romero, alzó la voz este martes para lanzar un llamado contundente a la CNTE: tienen derecho a manifestarse, pero ese derecho no puede pisotear el de millones de capitalinos y visitantes a disfrutar de un evento de talla mundial como lo es el Mundial 2026.
Las protestas del magisterio, que han sido una constante en la capital, alcanzaron un nuevo y lamentable nivel cuando un grupo de maestros derribó estatuas de futbolistas que adornaban Paseo de la Reforma, como parte de la decoración alusiva al Mundial. Estos actos de vandalismo no solo representan un daño al patrimonio y a la imagen de la ciudad, sino que también son una afrenta directa a la alegría y el espíritu deportivo que el evento busca fomentar.
La gravedad de la situación llevó a la propia FIFA a tomar medidas drásticas. El comité organizador decidió cancelar la capacitación de voluntarios en el Zócalo capitalino, un punto neurálgico para las actividades del Mundial, citando razones de seguridad. Esta cancelación es un golpe directo a la logística del evento y una señal de alarma sobre la capacidad de la ciudad para garantizar un entorno seguro para todos los involucrados.
Cravioto Romero fue enfático al señalar que, si bien la CNTE tiene sus demandas y su derecho a expresarlas, la mayoría de los habitantes de la Ciudad de México tienen el anhelo de disfrutar del Mundial. "Quienes tienen boleto para ir a los partidos; quienes quieren organizarse con sus familiares y amigos tienen ese derecho", afirmó el funcionario, subrayando la necesidad de un equilibrio entre el derecho a la protesta y el derecho al esparcimiento y la recreación.
El Mundial 2026 no es solo un evento deportivo; es una oportunidad para proyectar la imagen de México y de su capital ante el mundo. La inauguración y varios partidos se celebrarán en territorio capitalino, lo que convierte a la CDMX en el epicentro de esta fiesta global. Permitir que las acciones de un grupo minoritario empañen esta celebración sería un grave error y una falta de respeto hacia la mayoría que espera con entusiasmo el inicio de la justa.
La postura del gobierno capitalino es clara: no se trata de reprimir las manifestaciones, sino de exigir respeto por los derechos de todos. El secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez, aseguró que ninguna institución dio instrucciones para agredir a los manifestantes durante la protesta del lunes. De hecho, se iniciarán verificaciones internas para asegurar que se apegaron a los protocolos de actuación.
Sin embargo, la paciencia tiene un límite. Los actos de vandalismo contra las esculturas mundialistas y la cancelación de actividades de la FIFA por motivos de seguridad son señales inequívocas de que la CNTE está cruzando líneas rojas. La ciudad no puede permitirse ser rehén de un grupo que parece decidido a boicotear un evento que genera orgullo y beneficios para el país.
Es imperativo que la CNTE reconsidere su estrategia y canalice sus demandas por vías pacíficas y constructivas, sin dañar la infraestructura ni el ambiente festivo que tanto anhela la ciudadanía. El Mundial 2026 es una fiesta que pertenece a todos, y la Coordinadora tiene la oportunidad de sumarse a ella de manera positiva, en lugar de intentar sabotearla.
La administración capitalina ha reiterado su compromiso de garantizar la seguridad y el orden público, pero también de proteger el derecho de la población a disfrutar de eventos de esta magnitud. La pelota está ahora en la cancha de la CNTE: ¿elegirán el camino del diálogo y el respeto, o continuarán por la senda del conflicto y la destrucción?
El tiempo apremia. El Mundial está a la vuelta de la esquina, y la Ciudad de México debe presentarse ante el mundo como un anfitrión capaz, seguro y vibrante. Las acciones de la CNTE ponen en entredicho esa imagen, y es responsabilidad de todos, incluyendo del propio magisterio, asegurar que la fiesta del fútbol se desarrolle sin contratiempos y con la alegría que merece.
La ciudadanía observa con atención. Se espera que las autoridades actúen con firmeza para salvaguardar el orden y el derecho al disfrute de este magno evento, al tiempo que se mantiene la puerta abierta al diálogo para atender las legítimas demandas de los trabajadores de la educación, siempre y cuando se realicen dentro del marco del respeto y la legalidad.
El mensaje de la Ciudad de México es inequívoco: el Mundial 2026 se celebrará, y se hará con la participación y el disfrute de todos aquellos que desean ser parte de esta fiesta deportiva, sin importar las agendas que busquen imponerse a costa del bienestar colectivo y la imagen del país.
La CNTE debe entender que sus acciones tienen consecuencias, y que el daño causado a la imagen de la ciudad y a la organización del Mundial podría tener repercusiones negativas para sus propias causas a largo plazo, al alienar a una ciudadanía que busca disfrutar de un evento deportivo de gran magnitud.