UNIDAD EN LA RESISTENCIA

El Congreso Nacional Indígena (CNI) ha demostrado una notable capacidad para tejer redes de solidaridad y acción que trascienden las fronteras tradicionales de sus luchas. En su reciente asamblea, celebrada del 10 al 12 de octubre, se hizo evidente una profunda conexión entre la defensa ancestral de la tierra, el agua y los territorios comunales, y la desgarradora búsqueda de personas desaparecidas en centros urbanos.

Esta convergencia, que podría parecer inusual a primera vista, subraya una realidad ineludible: la violencia en México adopta múltiples rostros, pero sus raíces a menudo se entrelazan en la desposesión y la impunidad. La asamblea del CNI se convirtió en un foro donde líderes históricos y nuevas generaciones de pueblos originarios, incluso con la participación de hermanos del pueblo ixil de Guatemala, compartieron no solo sus experiencias en la defensa de sus derechos colectivos, sino también el dolor y la urgencia de quienes buscan a sus hijos desaparecidos en contextos urbanos como Xalapa, Veracruz.

MÁS ALLÁ DE LA TIERRA

La pregunta que surge es pertinente: ¿Qué une la lucha por la tierra y el territorio con la búsqueda de los desaparecidos? La respuesta reside en la naturaleza misma de la violencia que aqueja a México. Mientras los pueblos originarios defienden sus tierras del saqueo y la explotación por parte de megaproyectos y actores ilegales, las familias de los desaparecidos excavan en la superficie de un país fracturado, buscando respuestas y justicia en medio de la impunidad.

Ambas luchas, aunque expresadas de manera distinta, parten de una misma raíz: la vulneración de derechos fundamentales y la ausencia del Estado para garantizar la seguridad y la vida. La defensa del territorio es, en esencia, una defensa de la vida misma, de la autonomía y de la continuidad cultural. La búsqueda de desaparecidos es, igualmente, una exigencia por el derecho a la verdad, a la justicia y a la memoria.

UN TEJIDO DE DOLOR Y ESPERANZA

La participación de familiares mestizos que buscan a sus hijos desaparecidos en la asamblea del CNI no es un hecho aislado, sino una señal clara de la ampliación del espectro de resistencias. Demuestra que las luchas por la tierra y las luchas por la verdad y la justicia sobre las desapariciones forzadas no son compartimentos estancos, sino hilos que se tejen en un mismo telar de resistencia contra la violencia sistémica.

Históricamente, los pueblos originarios han sido guardianes de sus territorios, enfrentando despojos y agresiones por defender sus recursos naturales y su forma de vida. Hoy, esa misma determinación se manifiesta en la búsqueda incansable de quienes han sido arrebatados a sus familias, a menudo en contextos de crimen organizado y complicidad estatal.

EL ESTADO Y LA VIOLENCIA

El contexto actual de México, marcado por una persistente violencia y la desaparición de miles de personas, exige una mirada integral sobre las causas y las consecuencias. Las políticas de desarrollo que priorizan la explotación de recursos naturales sobre los derechos humanos y ambientales han generado conflictos y despojo, creando un caldo de cultivo para la violencia y la criminalidad.

En este escenario, la labor del CNI, al abrir sus espacios a otras luchas sociales, se fortalece. Reconoce que la defensa de la tierra y la búsqueda de los desaparecidos son facetas de una misma resistencia contra un modelo que ha fallado en proteger a sus ciudadanos y sus territorios.

ANTECEDENTES Y PROYECCIONES

El Congreso Nacional Indígena ha sido un actor clave en la visibilización de las problemáticas que enfrentan los pueblos originarios, desde la defensa de sus autonomías hasta la exigencia de respeto a sus derechos culturales y territoriales. Su capacidad para articular demandas y movilizar a sus bases ha sido fundamental para poner en la agenda pública temas que, de otra manera, permanecerían invisibilizados.

La inclusión de la problemática de los desaparecidos en sus foros de discusión es un paso significativo. Señala una comprensión profunda de que la violencia que sufren los pueblos originarios no se limita a la defensa de sus tierras, sino que se extiende a la seguridad de sus miembros y a la integridad de sus familias, incluso cuando estas se encuentran fuera de sus comunidades de origen.

UN LLAMADO A LA SOLIDARIDAD

La convergencia de estas luchas en el seno del CNI es un llamado a la solidaridad entre diversos movimientos sociales. Demuestra que, a pesar de las diferencias en sus expresiones y contextos, comparten un enemigo común: la impunidad, la violencia y un sistema que perpetúa la desposesión y la injusticia.

El futuro de estas resistencias dependerá de su capacidad para mantener y fortalecer estos lazos de unidad. La experiencia del CNI en la articulación de luchas es un ejemplo de cómo se pueden construir puentes entre diferentes sectores de la sociedad civil para enfrentar desafíos comunes.

EL ROL DE LOS EJIDATARIOS Y CAMPESINOS

Los ejidatarios y campesinos, como parte fundamental de los pueblos originarios y de las comunidades rurales, juegan un papel crucial en esta convergencia. Su conexión intrínseca con la tierra y su experiencia en la defensa de sus derechos agrarios los posiciona como aliados naturales en la lucha contra la violencia y la impunidad.

La fortaleza del CNI radica en su capacidad para integrar las voces y las experiencias de todos sus miembros, reconociendo que la defensa de la tierra y la búsqueda de los desaparecidos son, en última instancia, luchas por la dignidad humana y por un futuro donde la justicia y la paz sean una realidad.

UN CAMINO HACIA LA JUSTICIA

La asamblea del CNI no solo sirvió para clausurar un evento, sino para abrir un camino. Un camino donde la defensa del territorio y la búsqueda de los desaparecidos se entrelazan, fortaleciendo el tejido social y la resistencia civil. Es un recordatorio de que, ante la adversidad, la unidad y la solidaridad son las herramientas más poderosas para construir un México más justo y humano.

La persistencia de la violencia y la impunidad en el país exige que las luchas sociales se fortalezcan mutuamente. El CNI, al tender puentes entre la defensa territorial y la búsqueda de desaparecidos, envía un mensaje claro: la resistencia es una y abarca todas las formas de opresión y violencia.

CONCLUSIÓN: UNA RESISTENCIA QUE SE EXPANDE

La ampliación de la agenda del Congreso Nacional Indígena para incluir la lucha contra la desaparición forzada es un reflejo de la complejidad de la violencia en México y de la necesidad de respuestas integrales. Al unir la defensa de la tierra con la búsqueda de los seres queridos, el CNI no solo honra su legado de resistencia, sino que también abre nuevas vías para la solidaridad y la acción colectiva en la búsqueda de justicia y paz.

Esta convergencia de luchas es un testimonio de la resiliencia de los pueblos de México y de su inquebrantable determinación por un futuro donde la dignidad y los derechos de todos sean respetados.