La fiesta del Mundial 2026 arrancó en el Estadio Ciudad de México, y con ella, una ola de consumo que ha dejado a muchos con la cartera vacía, pero el corazón contento. La Selección Nacional se alzó con la victoria en el partido inaugural, y los aficionados, eufóricos, encontraron en la cerveza el acompañamiento perfecto para celebrar. Sin embargo, esta celebración tuvo un costo que superó las expectativas, con precios que hicieron palidecer incluso a eventos de alta gama como la Fórmula 1.
Los asistentes al magno evento deportivo se encontraron con una oferta variada de bebidas, desde cócteles exóticos hasta opciones premium de tequila, ron y whisky. No obstante, la cerveza se consolidó como la reina de la noche, a pesar de que su precio por vaso rondaba los 300 pesos. Una cifra que, si bien alarmó a algunos, no detuvo el fervor de los seguidores.
“Una cerveza en 300 pesos es carísimo, creo que ni en la Fórmula 1, pero la consumimos”, confesó Martín Gómez, un aficionado capitalino, a las cámaras de El Financiero. Esta declaración encapsula la paradoja del evento: precios exorbitantes, pero una demanda insaciable.
La variedad de cervezas disponibles incluía opciones nacionales por 290 pesos, internacionales premium por 310 pesos, y para los más aventureros, la michelada alcanzaba los 430 pesos. Incluso la versión sin alcohol no se quedó atrás, con un precio de 280 pesos. A pesar de estas cifras, la mayoría de los asistentes disfrutaron de múltiples rondas, lanzando vasos al aire con cada gol del Tri, lo que elevó el gasto promedio individual a unos impresionantes 2 mil 500 pesos.
Pero algunos fanáticos llevaron el consumo a otro nivel. Alejandro Guzmán, por ejemplo, admitió haber gastado alrededor de 10 mil pesos solo en cerveza, sumando bebidas, refrescos y aguas. Una cifra que refleja la magnitud del gasto colectivo y la pasión desbordada por el fútbol.
La sorpresa por los elevados precios no se limitó a los mexicanos. Dimitri, un turista ruso que viajó a la Ciudad de México para el partido inaugural, expresó su asombro. “Los precios están muy locos. En Rusia la cerveza cuesta lo equivalente a 150 pesos, pero ahora en el juego de la inauguración (en México) costó 290 pesos”, señaló, comparando la realidad mexicana con la de su país natal.
Sin embargo, no todos vieron los precios como un obstáculo insuperable. Pablo, otro aficionado de la Ciudad de México, consideró que los costos estaban “dentro de lo esperable de un evento así, nada que no veas en un concierto como el Corona Capital u otro partido”. Esta perspectiva sugiere una cierta resignación ante los precios de los grandes espectáculos.
Ricardo Jordán y Santino Flores Jordán, hermanos que han asistido a inauguraciones de Mundiales anteriores en Brasil, Qatar y Rusia, compartieron una visión similar. “En cualquier parte del mundo es lo mismo”, afirmaron, restando importancia a los precios de la comida y la cerveza, que consideraron “bien” en comparación con los boletos, que sí calificaron de “una locura”.
Estos hermanos no se anduvieron con rodeos y estimaron un gasto de “como 20 mil pesos” solo en cerveza, además de haber comido unos tacos económicos. Para ellos, la inauguración en la Ciudad de México fue incluso “la más barata” a la que han asistido, una afirmación que contrasta fuertemente con la percepción general.
La experiencia, a pesar del desembolso, fue mayoritariamente positiva. Ferial, una aficionada sudafricana, reconoció que el evento fue “demasiado (caro), un poco más accesible habría sido bueno, pero lo valió, toda la experiencia fue buena”. Este sentimiento de que la experiencia justifica el gasto es recurrente entre los asistentes.
El Estadio Ciudad de México ofreció una amplia gama de bebidas, desde agua natural por 80 pesos hasta refrescos y bebidas deportivas por 160 pesos. Los cócteles preparados con destilados premium se situaban entre los 340 y 390 pesos. Una oferta diversa que, sin duda, contribuyó a la alta facturación en la jornada inaugural.
La FIFA, organizadora del evento, se beneficia indirectamente de este alto consumo, ya que los precios establecidos por los proveedores locales, aunque elevados, generan ingresos significativos. La percepción de que estos precios son estándar para eventos de esta magnitud, tanto para locales como para extranjeros, sugiere una estrategia de precios bien calibrada para maximizar ganancias sin ahuyentar a la mayoría de los aficionados.
En retrospectiva, la inauguración del Mundial 2026 en la Ciudad de México no solo fue un hito deportivo, sino también un fenómeno económico. Los miles de pesos gastados en cerveza por los aficionados son un testimonio de la pasión por el fútbol y la disposición a pagar por experiencias memorables, incluso cuando el bolsillo sufre.
La FIFA, con su experiencia en la organización de eventos globales, seguramente ha anticipado este nivel de gasto. La infraestructura y los acuerdos con proveedores buscan optimizar la experiencia del aficionado, al tiempo que aseguran la rentabilidad del torneo. La cerveza, como bebida icónica en eventos deportivos, juega un papel crucial en esta ecuación económica, convirtiéndose en un símbolo de la celebración y, para muchos, en el principal rubro de gasto.
El éxito de la inauguración, medido no solo por la asistencia y el espectáculo, sino también por el volumen de consumo, sienta un precedente para los próximos partidos. La FIFA y los organizadores locales deberán mantener un equilibrio entre la experiencia del aficionado y la rentabilidad, asegurando que el Mundial 2026 sea recordado no solo por el fútbol, sino también por la vibrante atmósfera de celebración que, para muchos, incluyó un generoso consumo de cerveza.