LA PROMESA ROTA
El Centro Nacional de Identificación Humana (CNIH) nació con la loable misión de ser el faro en la oscuridad de la crisis forense que azota a México. Su objetivo era claro: coordinar la respuesta nacional para devolver la identidad y el nombre a miles de personas desaparecidas, una tarea titánica que tocaba las fibras más sensibles de una sociedad fracturada por la violencia y la ausencia.
Sin embargo, cuatro años después de su creación, la institución parece haber sucumbido a la misma nebulosa que rodea a los miles de casos que prometió resolver. Sus atribuciones reales y los resultados tangibles de su labor son, cuanto menos, difíciles de precisar. La opacidad se cierne sobre sus operaciones, dejando a las familias de los desaparecidos en la misma incertidumbre que al principio.
CASOS QUE NO ENCUENTRAN JUSTICIA
El caso de Aldair Leos Lira es un sombrío recordatorio de esta realidad. A pesar de la existencia del CNIH, su búsqueda y la de miles como él, continúan dependiendo de la labor, a menudo sobrecargada y fragmentada, de las fiscalías estatales. La promesa de una coordinación nacional efectiva parece haberse quedado en el papel, mientras la burocracia y la falta de recursos ahogan las esperanzas.
La ineficacia del CNIH no solo se manifiesta en la falta de resultados concretos, sino también en la divergencia de enfoques. Mientras la institución centralizada debería ser el eje de la estrategia nacional, modelos regionales como el de Coahuila avanzan por caminos propios, demostrando una falta de articulación y, quizás, una desconfianza en la capacidad del organismo federal.
EL MODELO COAHUILENSE: ¿UN FARO O UNA DISTRACCIÓN?
Coahuila, un estado que ha enfrentado de manera particularmente cruda la problemática de la desaparición forzada, ha desarrollado su propio modelo de identificación humana. Este enfoque, aunque ha mostrado avances en ciertos aspectos, también plantea interrogantes sobre la duplicidad de esfuerzos y la posible fragmentación de recursos que deberían converger en una estrategia nacional unificada.
La existencia de modelos regionales exitosos, o al menos funcionales, pone en entredicho la necesidad y la efectividad del CNIH como ente coordinador. ¿Por qué las fiscalías y los estados deben recurrir a soluciones locales si existe un centro nacional diseñado para ello? La respuesta parece apuntar a una profunda falla en la concepción y ejecución del CNIH.
LA CRISIS FORENSE: UN ABISMO SIN FONDO
La crisis forense en México es uno de los legados más oscuros de la violencia sistémica. Se estima que miles de cuerpos sin identificar yacen en fosas comunes y morgues a lo largo del país. La falta de capacidad estatal para identificarlos no solo perpetúa el dolor de las familias, sino que también obstaculiza la impartición de justicia y la construcción de la memoria histórica.
El CNIH fue concebido como una respuesta a esta emergencia. Su fracaso, o al menos su desempeño deficiente, agrava la crisis. La falta de un censo nacional confiable de personas desaparecidas y de cuerpos no identificados es un síntoma de esta falla institucional.
IMPLICACIONES Y CONSECUENCIAS
La inoperancia del CNIH tiene profundas implicaciones. Para las familias, significa la continuación de la angustia, la falta de cierre y la imposibilidad de acceder a derechos básicos como la seguridad social o la herencia. Para el Estado, representa una falla grave en su obligación de garantizar la seguridad y la justicia a sus ciudadanos.
Políticamente, la situación expone la ineficacia de las políticas públicas implementadas para abordar la crisis de desapariciones. La falta de resultados tangibles puede ser capitalizada por la oposición y generar un descontento social aún mayor, erosionando la confianza en las instituciones.
¿QUÉ SIGUE?
Ante este panorama desolador, es imperativo un replanteamiento profundo de la estrategia nacional para la identificación humana. Esto podría implicar una reestructuración del CNIH, dotándolo de mayores recursos, autonomía y personal capacitado, o bien, fortalecer los modelos regionales exitosos y buscar una mayor coordinación entre ellos.
La urgencia de la situación demanda acciones concretas y transparentes. Las familias de los desaparecidos merecen respuestas, no más promesas vacías. La sociedad mexicana necesita saber que sus instituciones están trabajando, de manera efectiva, para resolver uno de los enigmas más dolorosos de su historia reciente.
LA OPACIDAD COMO NORMA
La falta de transparencia en las operaciones del CNIH es un obstáculo mayúsculo. La ausencia de informes públicos detallados sobre sus actividades, los avances en la identificación de cuerpos y los desafíos que enfrenta, alimenta la desconfianza y la especulación. Es fundamental que la institución rinda cuentas de manera clara y periódica a la sociedad.
La información sobre los convenios firmados, los recursos asignados y los resultados obtenidos debe ser de acceso público. Solo así se podrá evaluar de manera objetiva el desempeño del CNIH y exigir las mejoras necesarias para cumplir con su mandato.
UN LLAMADO A LA ACCIÓN
La desaparición de la institución encargada de dar identidad a los desaparecidos es una metáfora cruel de la crisis que vive el país. Es un llamado urgente a la acción, a la rendición de cuentas y a la implementación de políticas públicas efectivas que realmente atiendan la emergencia humanitaria. El tiempo para las promesas ha terminado; es hora de los resultados.