La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, dio a conocer este miércoles la estrategia gastronómica que acompañará la Copa del Mundo 2026: botanas elaboradas con nopal deshidratado y presentaciones especiales de miel, ambos productos cosechados en el suelo de conservación de la capital.
La iniciativa forma parte del plan "Mundial Verde", un programa de diez ejes diseñado para convertir la justa deportiva en un escaparate de prácticas sustentables. Brugada subrayó que el torneo está a la vuelta de la esquina y que tanto el gobierno como la sociedad se preparan para estar a la altura del evento.
La secretaria del Medio Ambiente, Julia Álvarez Icaza, explicó que los visitantes podrán degustar el sabor auténtico de la Ciudad de México mientras se apoya directamente a los productores locales. Recordó que la capital es la segunda entidad del país en producción de nopal, solo detrás de Morelos, y que el producto deshidratado llegará al FIFA Fan Fest, tiendas del Centro Histórico y otros puntos estratégicos.
En cuanto a la miel, Álvarez Icaza destacó la alianza con apicultores para que los hoteles reciban a sus huéspedes con este endulzante de las montañas y bosques capitalinos. "No es un producto lejano, tiene el sabor de nuestro suelo de conservación", afirmó la funcionaria, quien resaltó que la bienvenida será dulce y local.
El plan "Mundial Verde" incluye la eliminación de plásticos de un solo uso, economía circular, recuperación de cuerpos de agua, promoción de flores del suelo de conservación en avenidas principales y tecnologías limpias para reducir emisiones. La estrategia busca que el mundial deje un legado ambiental positivo en la metrópoli.
La apuesta del gobierno capitalino es clara: que el mundo conozca la riqueza agrícola de Milpa Alta y otras zonas de conservación mientras disfruta del futbol. Las botanas futboleras y la miel representan un reconocimiento tangible al trabajo de ejidatarios y campesinos que mantienen viva la vocación productiva de la ciudad.
Con estas acciones, la CDMX busca demostrar que es posible organizar un evento de talla mundial sin sacrificar el compromiso ambiental ni olvidar a quienes cultivan la tierra en las periferias verdes de la megalópolis.