El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, ha declarado formalmente el fin de una era económica que definió a la nación durante las últimas cuatro décadas: la profunda dependencia comercial con Estados Unidos. Esta declaración, que coincide con la entrada en vigor de aranceles significativos contra productos estadounidenses, subraya un cambio estratégico fundamental hacia la diversificación de mercados en Europa, Asia y China.

Carney enfatizó que, si bien la integración económica con Estados Unidos facilitó los negocios durante años, esta dependencia excesiva se ha convertido en una vulnerabilidad, permitiendo a Washington utilizarla como herramienta de presión. "Ese tiempo terminó", sentenció el mandatario, marcando un punto de inflexión en la política económica canadiense.

Aranceles y Represalias Comerciales

La medida más inmediata de esta nueva política es la imposición de aranceles que oscilan entre el 15% y el 50% sobre importaciones estadounidenses valoradas en aproximadamente 27,600 millones de dólares canadienses (unos 20,000 millones de dólares estadounidenses). Estos gravámenes, efectivos desde el 8 de septiembre, afectan a una amplia gama de productos, incluyendo acero, aluminio, lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola, pulpa, papel y electrónicos.

En particular, Canadá elevó los aranceles sobre ciertos productos de acero y aluminio de un 25% a un 50%, equiparando las tasas impuestas por Estados Unidos. Las represalias existentes contra el sector automotriz estadounidense también se mantienen. El gobierno canadiense ha justificado estas acciones como una medida de defensa necesaria para proteger a sus trabajadores, empresas y comunidades frente a las políticas comerciales de Washington.

Carney aseguró que el objetivo no es escalar el conflicto, sino responder de manera equitativa a las medidas estadounidenses, evitando que bienes de ese país ingresen a Canadá sin aranceles mientras las empresas canadienses enfrentan gravámenes al vender en el mercado estadounidense. Adicionalmente, Ottawa ha anunciado un paquete de apoyo de 7,500 millones de dólares canadienses destinado a pequeñas empresas, capacitación laboral y protección de ingresos, enfocado en sectores estratégicos como el automotriz, acero, aluminio y productos forestales.

Diversificación como Eje Central

La estrategia de diversificación de mercados no es una reacción improvisada, sino un plan a largo plazo. Carney destacó que en el último año y medio, Canadá ha forjado 20 acuerdos comerciales y de defensa en cuatro continentes. Mencionó como ejemplos el acceso de la empresa Marconi Technologies a programas de defensa europeos y las nuevas oportunidades para productores de canola en China, quienes ahora acceden a mejores precios.

El objetivo es claro: ampliar el acceso de las empresas canadienses a mercados más allá de Estados Unidos. Actualmente, las empresas canadienses tienen acceso libre de aranceles a 1,500 millones de consumidores, una cifra que el gobierno busca duplicar en los próximos seis meses. Las exportaciones a mercados distintos al estadounidense ya muestran un crecimiento robusto y se proyecta que se dupliquen en la próxima década.

Esta nueva visión económica también contempla inversiones significativas en infraestructura, incluyendo puertos, minas y corredores energéticos, con una proyección de 500,000 millones de dólares canadienses en inversión privada. Proyectos como un oleoducto para conectar los recursos de Alberta con puertos del Pacífico y mercados asiáticos, así como la modernización del puerto de Churchill y el Pacific Gateway, son parte integral de esta estrategia de expansión.

El Silencio del T-MEC y la Nueva Realidad

Resulta notable que, a pesar de la centralidad de la relación comercial con Estados Unidos en el discurso, Carney omitió cualquier mención al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), su revisión o las reglas de origen. Tampoco hubo referencia a México o a la posibilidad de una respuesta coordinada dentro del bloque norteamericano. Esta omisión sugiere que el conflicto se está enmarcando como una disputa bilateral y que la estrategia canadiense se enfoca en reducir la dependencia unilateral, en lugar de fortalecer la integración regional como pilar principal.

La nueva política económica canadiense no implica un abandono del T-MEC ni el fin de la relación comercial con Estados Unidos. Sin embargo, sí representa una ruptura clara con la noción de que la profundización de esa integración es inherentemente el mejor camino para la economía canadiense. Para Mark Carney y su gobierno, la dependencia excesiva ha dejado de ser una ventaja competitiva para convertirse en una significativa vulnerabilidad que debe ser mitigada activamente.