La Ciudad de México enfrentó este lunes 25 de mayo un colapso por lluvias torrenciales que dejaron al descubierto la fragilidad de la infraestructura hidráulica bajo la gestión de Clara Brugada, heredera del proyecto de Claudia Sheinbaum. Xochimilco, Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón se convirtieron en escenarios de caos vehicular y encharcamientos masivos que paralizaron la movilidad de miles de capitalinos.

La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil emitió Alerta Naranja para Magdalena Contreras, Tlalpan y Xochimilco, anticipando precipitaciones de hasta 49 milímetros. Sin embargo, la respuesta operativa llegó cuando las calles ya eran ríos. En Santa Cruz Xochitepec y Santiago Tepalcatlalpan, las corrientes de agua arrastraron vehículos mientras el granizo complicaba aún más el tránsito.

El Metro implementó marcha de seguridad en todas sus líneas, generando retrasos masivos en plena hora pico. Más grave aún, la Línea 3 del Cablebús fue evacuada indefinidamente por actividad eléctrica, dejando varadas a cientos de personas. La pregunta incómoda persiste: ¿dónde están las obras de drenaje profundo prometidas durante años por la administración morenista?

En Miguel Hidalgo, la intersección de Lago Wetter y Río San Joaquín se transformó en laguna artificial, mientras que en Álvaro Obregón dos puntos críticos quedaron intransitables. Los bomberos trabajaron contrarreloj para liberar registros saturados, evidenciando un sistema de desagüe colapsado que no resiste ni lluvias moderadas.

Árboles caídos bloquearon vialidades en Tlalpan, sumando más complicaciones a una jornada que expuso la vulnerabilidad de una ciudad que presume modernidad pero carece de mantenimiento básico. Las redes sociales se inundaron de videos mostrando la magnitud del desastre, con ciudadanos cuestionando el destino de los millones invertidos supuestamente en infraestructura pluvial.

La administración de Sheinbaum, ahora desde la presidencia, deja un legado de promesas incumplidas en la capital. Las lluvias de mayo no son novedad en el Valle de México, pero la incapacidad gubernamental para anticipar y mitigar sus efectos sí representa un patrón preocupante de improvisación y negligencia sistemática.

Mientras tanto, los capitalinos enfrentan la temporada de lluvias con la certeza de que cada tormenta traerá consigo el mismo ciclo: encharcamientos, caos vial, excusas oficiales y cero consecuencias para los responsables de mantener funcional la infraestructura urbana más importante del país.