La mañana de este martes, una repentina explosión de flama en la cocina de la Unidad Naval de Protección Aeroportuaria (UNAPA) del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) desató el pánico y dejó a varios elementos de la Secretaría de Marina (Semar) con quemaduras. El incidente, que rápidamente fue controlado, pone de manifiesto una vez más las deficiencias en la gestión y mantenimiento de infraestructuras críticas bajo control militar, una tendencia preocupante que se ha agudizado en la actual administración.
Los hechos ocurrieron en un área sensible, dentro de las instalaciones que albergan al personal naval encargado de la seguridad del principal puerto aéreo del país. Aunque las autoridades han minimizado el suceso, calificándolo de "accidente menor", la realidad es que la presencia de heridos y la interrupción de las operaciones, por breve que haya sido, en un punto neurálgico como el AICM, son señales de alarma que no deben ser ignoradas. La Semar, que asumió el control total del aeropuerto en 2023, ha prometido eficiencia y orden, pero incidentes como este siembran dudas sobre la capacidad real de la institución para gestionar operaciones civiles complejas.
La Militarización y sus Riesgos
La decisión de entregar la administración del AICM a la Marina fue una de las apuestas más controvertidas del gobierno actual, bajo el argumento de combatir la corrupción y mejorar la seguridad. Sin embargo, la militarización de funciones tradicionalmente civiles ha traído consigo una serie de desafíos. La falta de experiencia en gestión aeroportuaria, la opacidad en la rendición de cuentas y ahora, la aparente negligencia en el mantenimiento de sus propias instalaciones, son factores que contribuyen a un ambiente de incertidumbre y riesgo.
Este incidente en la cocina de la UNAPA no es un hecho aislado. Se suma a una creciente lista de eventos que han puesto en entredicho la eficacia de la Semar en sus nuevas responsabilidades. Desde retrasos en vuelos hasta problemas de infraestructura y denuncias de abusos, la gestión militar del AICM ha estado lejos de ser la panacea prometida. La seguridad operativa, que debería ser la máxima prioridad en un aeropuerto de esta magnitud, parece estar comprometida por fallas básicas que podrían tener consecuencias mucho más graves.
Las quemaduras sufridas por los marinos, aunque no se ha especificado su gravedad, son un recordatorio de que la seguridad del personal es tan importante como la de los pasajeros. Un accidente de esta naturaleza en una cocina, un espacio que debería cumplir con estrictos protocolos de seguridad e higiene, sugiere una supervisión deficiente y una posible falta de inversión en equipos y capacitación adecuados. ¿Qué tan preparadas están estas instalaciones para enfrentar una emergencia mayor si un incidente menor como este ya genera heridos?
Opacidad y Falta de Transparencia
La información sobre el incidente ha sido escasa y controlada, una práctica común en las instituciones militares. Esta opacidad impide una evaluación completa de lo sucedido y genera desconfianza. La ciudadanía tiene derecho a saber qué ocurrió exactamente, cuántos marinos resultaron heridos, cuál es su estado de salud y, lo más importante, qué medidas se tomarán para evitar que un suceso similar se repita. La falta de transparencia solo alimenta la percepción de que hay algo que ocultar.
El AICM es una puerta de entrada y salida crucial para millones de personas y un motor económico fundamental para el país. Su buen funcionamiento y seguridad son de interés nacional. Delegar su gestión a una institución militar, por más honorable que sea, sin la debida supervisión civil y sin la exigencia de los más altos estándares de seguridad y eficiencia, es un experimento que está mostrando sus fisuras. La promesa de un aeropuerto más seguro y eficiente bajo el mando naval parece desvanecerse con cada incidente que se registra.
Este evento debe ser una llamada de atención para las autoridades. La seguridad en el AICM no puede ser un asunto de improvisación o de suerte. Requiere de una gestión profesional, transparente y con rendición de cuentas. La militarización de la infraestructura civil, lejos de resolver problemas, parece estar creando nuevos desafíos y exponiendo al país a riesgos innecesarios. Es hora de reevaluar esta estrategia y exigir a la Semar que cumpla con los estándares de seguridad que un aeropuerto de la talla del AICM merece.
La sociedad mexicana merece respuestas claras y acciones contundentes. No podemos permitir que la seguridad de nuestros aeropuertos se vea comprometida por incidentes que, aunque se califiquen de menores, revelan fallas estructurales en la gestión. La integridad de los marinos heridos y la tranquilidad de los usuarios del AICM dependen de ello. La militarización no puede ser una excusa para la ineficiencia o la falta de transparencia. El AICM es demasiado importante para dejarlo a la deriva.