México se encuentra en un punto álgido de tensión en sus principales aeropuertos, justo cuando el país se alista para ser anfitrión de la Copa del Mundo 2026. Las aplicaciones de transporte privado, como Uber y DiDi, se ven envueltas en un endurecimiento de las restricciones que ha generado un clima de incertidumbre y dificultades tanto para los viajeros como para los miles de conductores que dependen de estas plataformas.
Este escenario pone de manifiesto una problemática global aún no resuelta: la compleja convivencia entre la infraestructura aeroportuaria y las nuevas tecnologías de movilidad. Un portavoz de Uber en México ha señalado que la situación actual se debe a la aplicación repentina y con un rigor inusitado de una prohibición que, según ellos, ya existía pero no se había ejecutado de manera tan estricta.
"Uber opera en más de 700 aeropuertos en el mundo, pero solo estamos viendo este tipo de operativos contra nuestros conductores en México", declaró Esteban Illades, director de comunicación corporativa de Uber México. La empresa ha desplegado equipos legales con el objetivo de mitigar las detenciones de sus choferes, quienes se enfrentan a un panorama cada vez más hostil.
La Presidenta Claudia Sheinbaum reconoció a mediados de mayo que se está trabajando en un esquema para regular la operación de estas aplicaciones en los aeropuertos. Sin embargo, hasta la fecha, no se ha proporcionado una fecha concreta para la implementación de dicho esquema, dejando a los afectados en un limbo regulatorio.
La presión ejercida por los taxistas tradicionales parece haber sido un factor determinante en esta escalada de medidas. Desde marzo, las autoridades comenzaron a remolcar vehículos y a multar a los conductores de plataformas. Aunque la aplicación de estas sanciones ha sido inconsistente, en mayo se anunció un refuerzo de los operativos con la participación de elementos de la Guardia Nacional.
Este endurecimiento de las medidas coincide con la aceleración de las obras de modernización aeroportuaria, necesarias para la llegada masiva de visitantes durante el Mundial, que se celebrará en tres ciudades mexicanas. La confrontación está teniendo un impacto directo en la experiencia de los viajeros y en la economía de los conductores.
Las multas impuestas a los choferes pueden alcanzar cifras exorbitantes, llegando hasta los 80 mil pesos, una suma que para muchos representa varios meses de ganancias. A esto se suman los costos asociados al arrastre de vehículos, lo que puede dejar a los conductores fuera de operación por días, a pesar de que algunas plataformas ofrecen apoyo para cubrir parte de estos gastos.
La tensión se intensificó tras una reunión a principios de marzo entre representantes de taxis concesionados y autoridades aeroportuarias federales. Las compañías de taxis solicitaron el apoyo de la Guardia Nacional, argumentando que las obras de remodelación han reducido significativamente las áreas de ascenso y descenso en los aeropuertos de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sedes del Mundial.
Los taxistas argumentan que han enfrentado históricamente requisitos regulatorios más estrictos que las plataformas digitales. Señalan que ellos requieren permisos especiales y pagan tarifas federales específicas para operar en aeropuertos, mientras que las aplicaciones, según su perspectiva, exigen menos obligaciones a sus conductores y evaden cuotas aeroportuarias.
Por otro lado, los defensores de los conductores de plataformas argumentan que los taxis tradicionales carecen de la capacidad suficiente para cubrir la demanda existente, especialmente en momentos de alta afluencia. Señalan que los pasajeros a menudo deben esperar largos periodos para conseguir un taxi autorizado. En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), uno de los más transitados de América Latina, las empresas autorizadas cuentan con aproximadamente mil 500 unidades, una cifra que muchos consideran insuficiente.
El almirante de la Marina que administra el AICM, Juan José Padilla, aseguró que se están habilitando zonas específicas para los usuarios de aplicaciones. "Si el pasajero quiere tomar un Uber desde el aeropuerto, y si Uber cumple con las reglas operativas y permisos del aeropuerto, la terminal debe facilitar su uso en las áreas correctas", afirmó a Bloomberg.
Sin embargo, estas nuevas zonas de ascenso, ubicadas en las dos terminales del AICM, podrían implicar caminatas más largas para los usuarios en comparación con las áreas designadas para los taxis concesionados. El almirante Padilla no proporcionó fechas concretas para su apertura, pero indicó que forman parte de una remodelación aeroportuaria con una inversión estimada de alrededor de 10 mil millones de pesos.
La Presidenta Sheinbaum reiteró que estas zonas estarán listas una vez concluidas las obras, aunque tampoco confirmó si estarán operativas antes del inicio de los partidos del Mundial. "Una vez concluidos esos proyectos, los servicios de taxi estarán mejor organizados y los servicios por aplicación se mantendrán a cierta distancia", declaró. "Los taxis del aeropuerto estarán en una zona y los taxis por aplicación en otra área iluminada y equipada con rampas para facilitar el acceso".
Esta separación de zonas para taxis tradicionales y aplicaciones es una práctica común en aeropuertos de otros países, buscando una organización más clara y eficiente del flujo de pasajeros y vehículos. No obstante, la implementación en México llega en un momento crítico, con la presión adicional del evento deportivo más importante del mundo, lo que podría exacerbar el caos si no se resuelve a tiempo.