Las obras en la Línea 2 del Metro de la Ciudad de México han convertido el trayecto diario en un calvario para miles de usuarios con movilidad reducida. Personas que dependen de bastones, muletas o adultos mayores se ven obligados a sortear escaleras sin alternativas accesibles, evidenciando una planeación deficiente que prioriza la estética sobre las necesidades reales de la población.

La ironía resulta evidente: mientras algunas estaciones ya lucen candelabros dorados como parte de la renovación impulsada por la administración de Claudia Sheinbaum, los elementos básicos de accesibilidad brillan por su ausencia. La inversión en ornamentos decorativos contrasta dramáticamente con la falta de rampas, elevadores funcionales o rutas alternativas para quienes no pueden utilizar las escaleras convencionales.

Usuarios del sistema reportan que las obras han complicado aún más una situación que ya era precaria. Las estaciones en remodelación carecen de señalización adecuada sobre rutas accesibles, y el personal del Metro frecuentemente desconoce alternativas para asistir a pasajeros con necesidades especiales. La situación se agrava durante las horas pico, cuando el flujo de personas convierte el descenso por escaleras en una maniobra de alto riesgo.

La Línea 2, que conecta puntos estratégicos de la capital, transporta diariamente a cientos de miles de personas. Entre ellas, un porcentaje significativo enfrenta algún tipo de limitación de movilidad, ya sea temporal o permanente. La decisión de iniciar obras sin garantizar rutas accesibles alternativas refleja una visión excluyente del transporte público que contradice los principios de inclusión que el gobierno capitalino dice defender.

Organizaciones de derechos de personas con discapacidad han señalado reiteradamente que la accesibilidad no es un lujo sino un derecho fundamental. Sin embargo, la respuesta gubernamental ha sido instalar elementos decorativos costosos mientras se postergan las adecuaciones que realmente impactan la vida cotidiana de miles de capitalinos.

La situación en la Línea 2 se suma a una lista creciente de proyectos de infraestructura que, bajo la administración actual, han priorizado la imagen sobre la funcionalidad. Los candelabros dorados pueden lucir bien en fotografías oficiales, pero no resuelven el problema de un adulto mayor que debe descender tres pisos de escaleras para tomar el tren.

Mientras tanto, los usuarios continúan adaptándose como pueden a un sistema que parece diseñado sin considerar sus necesidades. Algunos optan por rutas más largas que incluyan estaciones con mejores condiciones de accesibilidad; otros simplemente arriesgan su integridad física descendiendo escaleras que no deberían ser su única opción. La pregunta persiste: ¿para quién se están haciendo estas obras?