La ya de por sí cuestionada infraestructura del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) sumó otro capítulo vergonzoso este martes 2 de junio, cuando parte de la techumbre de un puente peatonal se desplomó, afectando a una automovilista y generando un caos vehicular considerable en las inmediaciones.

El incidente ocurrió sobre la avenida Capitán Carlos León, una de las arterias principales de acceso y salida de la Terminal 1. Según confirmaron las autoridades del AICM, no fue el puente en su totalidad el que cedió, sino la cubierta o techumbre que lo protegía, un detalle que, si bien podría considerarse menor, no exime de la grave falla en el mantenimiento y la seguridad de las instalaciones.

El servicio médico del aeropuerto intervino de inmediato para atender a la conductora afectada. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición, se desconocía el estado de salud exacto de la víctima, así como la gravedad de las lesiones que pudo haber sufrido a causa del impacto de los escombros.

Las autoridades aeroportuarias han prometido una investigación exhaustiva para determinar las causas exactas del colapso y, sobre todo, para deslindar responsabilidades. Se espera que la cobertura del seguro del aeropuerto responda por los daños materiales ocasionados, pero la pregunta que queda en el aire es: ¿quién pagará por la negligencia?

Este lamentable suceso se da en un contexto particularmente sensible para el AICM. Apenas hace unos días, el aeropuerto concluyó la primera fase de su remodelación, un proyecto que, según las autoridades, busca modernizar las instalaciones de cara al Mundial de 2026. Sin embargo, este incidente pone en entredicho la calidad de los trabajos realizados y la supervisión de los mismos.

La polémica en torno al AICM no es nueva. Apenas el pasado 27 de mayo, una explosión provocada por acumulación de gas en las instalaciones de la Unidad Naval de Protección Aeroportuaria dejó a varios elementos de la Marina heridos. Estos eventos consecutivos pintan un panorama sombrío sobre la seguridad y el estado de la infraestructura del principal punto de entrada y salida del país.

Las consecuencias del desplome de la techumbre no se limitaron a la víctima y el daño a la propiedad. El tráfico en la zona se vio severamente afectado. Vías como Capitán Carlos León, Calle Puerto México, Boulevard Puerto Aéreo y Fuerza Aérea Mexicana se congestionaron, provocando largas filas de vehículos y desesperación entre los viajeros.

La situación se agravó con la suspensión de la ruta del Metrobús que conecta San Lázaro con las dos terminales del AICM. Los usuarios de este servicio público, muchos de ellos con vuelos programados, se vieron obligados a buscar alternativas, aumentando la presión sobre las ya saturadas vialidades.

Este incidente es un claro reflejo de la falta de inversión y mantenimiento adecuado en infraestructuras críticas del país. Mientras se anuncian grandes proyectos de remodelación y se presume la modernización, fallas como esta demuestran que la base, la seguridad y la funcionalidad, están siendo descuidadas.

La pregunta que surge es si las autoridades del AICM, y por extensión la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), tomarán medidas contundentes para evitar que estos hechos se repitan. La confianza en el aeropuerto, tanto de los usuarios nacionales como internacionales, está en juego, especialmente con la cercanía de eventos de gran magnitud como la Copa del Mundo.

Es imperativo que la investigación no solo se centre en determinar quién tuvo la culpa material, sino en identificar las fallas sistémicas que permitieron que una techumbre se desprendiera. ¿Hubo supervisión deficiente? ¿Se utilizaron materiales de baja calidad? ¿Los contratos de mantenimiento fueron adjudicados de manera transparente y con criterios técnicos sólidos?

La respuesta a estas preguntas es crucial para restaurar la credibilidad del AICM y garantizar la seguridad de quienes transitan por sus instalaciones. La automovilista afectada es un recordatorio doloroso de que las fallas en la infraestructura no son meros inconvenientes, sino que pueden tener consecuencias devastadoras para la vida de las personas.

El gobierno federal, a través de sus diferentes dependencias, debe dar una explicación clara y detallada sobre este incidente. No basta con prometer investigaciones y seguros; se necesita transparencia y rendición de cuentas para que la ciudadanía recupere la confianza en la gestión de sus aeropuertos y, en general, de sus infraestructuras públicas.

La caída de la techumbre en el AICM es más que un accidente; es un síntoma de problemas más profundos que requieren atención urgente. La seguridad de los usuarios y la imagen del país ante el mundo dependen de ello.