La llegada de la tormenta tropical Boris a las costas de Guerrero ha puesto de manifiesto, una vez más, la fragilidad de la infraestructura y los protocolos de protección civil en el estado, gobernado por Evelyn Salgado Pineda. La instalación de un Puesto de Comando Interinstitucional, encabezado por la propia mandataria y la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, parece ser más una reacción tardía que una estrategia proactiva ante la inminencia de lluvias intensas, vientos fuertes y oleaje elevado.
La sesión extraordinaria del Consejo Estatal de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, que reunió a autoridades federales, estatales y municipales, sirvió como escenario para reiterar llamados a la población a mantenerse atenta. Sin embargo, la retórica de "estar atentos" y "no bajar la guardia" contrasta con la realidad de un estado históricamente vulnerable a los embates de la naturaleza, donde la prevención efectiva parece ser una asignatura pendiente.
Los pronósticos son claros: vientos de hasta 80 kilómetros por hora y olas de hasta cuatro metros de altura amenazan principalmente a los municipios costeros. La revisión de zonas susceptibles a inundación revela un panorama desolador: 26 municipios en la mira, de los cuales 14 presentan un nivel de riesgo alto y 12 un nivel de riesgo muy alto. Esta radiografía de la vulnerabilidad subraya la urgencia de acciones contundentes, más allá de la simple instalación de un centro de mando.
La inestabilidad de laderas, una de las amenazas recurrentes durante la temporada de lluvias, mantiene en especial vigilancia a municipios como Acapulco, Chilpancingo y Taxco, entre otros. La pregunta obligada es: ¿qué medidas concretas se han implementado para mitigar estos riesgos antes de que la emergencia se materialice? La respuesta, a menudo, se pierde en la burocracia y la falta de recursos destinados a la prevención real.
El Puesto de Comando Interinstitucional, que operará de manera permanente, se presenta como la solución para fortalecer la comunicación, el monitoreo y la capacidad de respuesta. No obstante, la efectividad de este organismo dependerá de la voluntad política y la asignación de recursos que trasciendan la coyuntura de la tormenta Boris. La historia reciente de Guerrero sugiere que la coordinación interinstitucional, si bien necesaria, no siempre se traduce en resultados tangibles para la población.
Laura Velázquez Alzúa reconoció el "trabajo preventivo" del gobierno estatal y destacó la coordinación tripartita. Sin embargo, sus elogios a las labores de desazolve y limpieza en ríos y canales de Acapulco, impulsadas por instrucciones de Salgado, suenan huecos ante la magnitud de los riesgos identificados. Estas acciones, aunque positivas, son paliativos ante problemas estructurales que requieren inversión sostenida y planeación a largo plazo.
La gobernadora Salgado, por su parte, afirmó que la prioridad de su administración es la prevención y la actuación inmediata, reconociendo el respaldo de la "presidenta" Claudia Sheinbaum Pardo. Esta mención a la figura presidencial parece un intento por capitalizar el apoyo federal, pero no exime al gobierno estatal de su responsabilidad primaria en la protección de los ciudadanos.
La participación de diversas secretarías federales como la Defensa Nacional, Marina, Guardia Nacional, y dependencias como la CFE y Conagua, es fundamental. Sin embargo, la efectividad de esta colaboración se ve empañada por la percepción de una respuesta reactiva. La instalación del puesto de mando, más que un símbolo de preparación, podría interpretarse como una señal de alerta ante la insuficiencia de las medidas preventivas.
El llamado de Evelyn Salgado a evitar la difusión de información falsa y mantenerse informada a través de canales oficiales es pertinente. En tiempos de crisis, la desinformación puede agravar la situación. No obstante, la confianza de la ciudadanía en estos canales se construye con resultados y transparencia, algo que a menudo falta en la gestión pública.
La temporada de lluvias y ciclones tropicales 2026 apenas comienza, y la tormenta Boris es solo un recordatorio de la vulnerabilidad de Guerrero. La instalación del Puesto de Comando Interinstitucional es un paso, pero la verdadera prueba de fuego será la capacidad del gobierno estatal y federal para proteger vidas y patrimonio ante la inminencia de desastres naturales, demostrando que la prevención es más que un discurso.