El Banco de México redujo su tasa de referencia a 6.50% el pasado 7 de mayo, pero los bonos gubernamentales de largo plazo continúan registrando tasas elevadas. Los inversionistas mantienen la presión sobre estos instrumentos debido a preocupaciones por la inflación, el precio del petróleo, tensiones geopolíticas y dudas sobre la solidez de las finanzas públicas del país.

Los Cetes a 28 días reflejaron los recortes del banco central, pasando de 8.15% en mayo de 2025 a 6.45% en mayo de 2026. Sin embargo, los instrumentos de mayor plazo muestran una historia diferente: los Cetes a 728 días se ubicaron en 8.37%, por encima del 7.54% observado en febrero. La expectativa para el Bono M a 10 años subió de 8.11% en diciembre pasado a 8.51% en abril de este año, según la encuesta de especialistas de Banxico.

Yazmín Matus, analista de Valmex, explicó que el mercado de bonos enfrenta dos presiones simultáneas. Por un lado, la expectativa de que la inflación limite futuros recortes de tasas por parte de los bancos centrales. Por otro, una mayor prima de riesgo exigida por los inversionistas ante el aumento de la incertidumbre, particularmente por el conflicto en el Estrecho de Ormuz que presiona los precios del petróleo.

El deterioro fiscal mexicano y los cambios recientes en la calificación crediticia agravan la situación. S&P Global mantuvo la calificación en grado de inversión pero cambió su perspectiva de estable a negativa, mientras que Moody's realizó un recorte que dejó a los bonos mexicanos a un escalón del grado especulativo.

Ramsé Gutiérrez, de Franklin Templeton, señaló que el mercado mantiene presión por la combinación de deterioro fiscal y rebajas crediticias. Ambas decisiones apuntan a bajo crecimiento económico, aumento de la deuda y un déficit fiscal que no se ha contenido como esperaba el mercado. La deuda gubernamental a 10 y 30 años permanece con tasas de 9.3% y 9.8%, respectivamente.

Para Franklin Templeton, el recorte de Moody's no creó el problema, sino que confirmó una preocupación que los inversionistas ya reflejaban en las tasas de largo plazo. El diferencial entre tasas cortas y largas aumentó por tres factores: riesgos fiscales, posibles choques inflacionarios y menor confianza de largo plazo.

Matus advirtió que, aunque parte del empinamiento de la curva mexicana responde al nerviosismo global, el riesgo local puede ganar peso si no se corrige la trayectoria fiscal. Para los inversionistas con horizonte largo, ese premio puede resultar atractivo; para el gobierno, implica un costo mayor de financiamiento en el futuro.