El Banco Mundial (BM) ha ratificado su pronóstico de crecimiento para México, fijándolo en un modesto 1.3 por ciento para el presente año. Esta cifra, que se mantiene sin cambios desde las proyecciones de enero, dibuja un panorama económico cauteloso para el país.
Sin embargo, las perspectivas para el año entrante no son mucho más alentadoras. El organismo ha ajustado a la baja su estimación de crecimiento para 2025, reduciéndola de un previo 1.8 por ciento a un 1.7 por ciento. Esta ligera disminución subraya una tendencia de desaceleración que el BM anticipa para la economía mexicana.
En su análisis, el Banco Mundial señala que México parece estar relativamente mejor posicionado para sortear los embates de la crisis energética global en comparación con otras economías. Esta resiliencia parcial podría atribuirse a diversos factores, como la estructura de su matriz energética o su menor dependencia de ciertos combustibles volátiles.
No obstante, el informe del BM pone el dedo en la llaga al identificar un riesgo significativo que podría lastrar el desempeño económico del país: la renegociación o las implicaciones derivadas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Según el organismo, el marco actual y las futuras discusiones en torno al T-MEC representan un "riesgo mayor para frenar las exportaciones y la inversión". Esta advertencia resalta la interdependencia de la economía mexicana con sus socios comerciales del norte y la sensibilidad de sus flujos comerciales y de capital a las políticas y acuerdos bilaterales.
Las exportaciones, pilar fundamental del crecimiento mexicano, podrían verse afectadas por barreras comerciales, cambios en las reglas de origen o disputas relacionadas con el cumplimiento del tratado. De igual forma, la incertidumbre generada por estas negociaciones podría disuadir a los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, de comprometer capital en proyectos productivos.
Este escenario plantea un desafío considerable para el gobierno mexicano, que busca impulsar el crecimiento económico y generar empleos. La dependencia del T-MEC, si bien ha sido un motor de desarrollo, ahora se presenta como un factor de vulnerabilidad que requiere una gestión diplomática y económica experta.
El BM no detalla las causas específicas de este riesgo, pero es plausible que se refiera a las constantes fricciones y consultas que han surgido bajo el marco del T-MEC, particularmente en sectores como el energético y el agroalimentario.
La institución financiera internacional, en sus informes periódicos, suele ofrecer un panorama global y regional de las economías, basándose en datos macroeconómicos y análisis de coyuntura. Sus proyecciones son seguidas de cerca por gobiernos, inversionistas y analistas financieros.
La previsión de 1.3 por ciento para este año se sitúa por debajo del potencial de crecimiento que muchos economistas consideran necesario para que México pueda reducir significativamente la pobreza y la desigualdad.
El gobierno mexicano, por su parte, ha mantenido una postura optimista respecto al desempeño económico, a menudo destacando indicadores de empleo y remesas como señales de fortaleza.
Sin embargo, las proyecciones de organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) suelen ofrecer una perspectiva más objetiva y, en ocasiones, menos favorable.
La advertencia sobre el T-MEC es particularmente relevante dado que el tratado es la piedra angular de la política comercial de México y su relación económica con Estados Unidos y Canadá.
Será crucial observar cómo el gobierno mexicano responde a estas advertencias y si implementa medidas proactivas para mitigar los riesgos asociados al T-MEC y fortalecer otros motores de crecimiento, diversificando así su economía y reduciendo su dependencia de un solo acuerdo comercial.