El Museo de Bellas Artes se prepara para presentar una revisión profunda del trabajo muralista de Roberto Montenegro, figura clave en el desarrollo del arte mexicano del siglo XX.

Montenegro, nacido en 1887 y fallecido en 1968, desarrolló una carrera multifacética que abarcó la pintura de caballete, la litografía, la ilustración, la escenografía y la escritura. Sin embargo, su contribución más significativa al patrimonio cultural nacional fue su papel como precursor del muralismo posrevolucionario.

En 1921, el artista realizó El árbol de la vida, considerada la primera obra muralista del México moderno. Esta pieza fue plasmada en el ábside del antiguo templo del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, edificio colonial ubicado en el Centro Histórico de la capital que actualmente alberga el Museo de las Constituciones.

La obra de Montenegro antecedió a los grandes proyectos de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, quienes posteriormente consolidarían el movimiento muralista como una de las expresiones artísticas más representativas de México ante el mundo.

La exposición que prepara Bellas Artes busca reivindicar la importancia histórica de Montenegro en el desarrollo de esta corriente artística, frecuentemente eclipsada por las figuras de los llamados "tres grandes" del muralismo mexicano.

La revisión incluirá análisis de su técnica, contexto histórico y la influencia que ejerció sobre las generaciones posteriores de muralistas que transformaron los espacios públicos en lienzos de narrativa nacional.