La Ciudad de México se ha convertido en un campo de batalla para bandas criminales que, con una audacia creciente, se apoderan de miles de viviendas a través de métodos que van desde la violencia extrema hasta el fraude sofisticado. Este fenómeno, que se manifiesta en un promedio de 11 invasiones diarias, deja a miles de víctimas en una profunda incertidumbre, enfrentando procesos judiciales que se extienden por años y la desalentadora posibilidad de no recuperar jamás su patrimonio.
El caso de Enrique Amezcua, cuya familia fue desalojada violentamente de su departamento en la colonia Juárez en junio de 2025 por más de 30 individuos armados con hachas, es solo una muestra de la brutalidad con la que operan estos grupos. A pesar de la rápida intervención mediática que permitió recuperar su hogar, la familia Amezcua aún no ha regresado, sumida en la desconfianza y el temor. "Te hace sentir que uno nunca está seguro en ningún lado", declaró Amezcua, reflejando la sensación de vulnerabilidad que permea en la capital.
Las cifras oficiales revelan la magnitud del problema: entre enero y septiembre de 2026 se registraron 2 mil 961 casos de despojo, sumando más de 41 mil en la última década. Esta alarmante estadística subraya cómo la delincuencia se ha entretejido en la vida cotidiana de la segunda economía más grande de América Latina, afectando no solo el patrimonio sino también la estabilidad emocional y económica de las familias.
El despojo de inmuebles, si bien no es un fenómeno nuevo, ha escalado en frecuencia y violencia, especialmente en el corazón de la ciudad. La gentrificación y el consecuente aumento de los precios inmobiliarios en zonas codiciadas han vuelto a los delincuentes más audaces, apuntando a vecindarios de alta plusvalía. Este escenario pone de manifiesto dos de los mayores desafíos para la presidenta Claudia Sheinbaum: la seguridad pública y el acceso a la vivienda.
Si bien su administración ha reportado una reducción en homicidios, las extorsiones han alcanzado niveles récord en más de una década. Paralelamente, la meta de Sheinbaum de ampliar el acceso a viviendas asequibles se ve socavada por la creciente demanda y la especulación, exacerbando la urgencia del problema en la capital, donde las protestas por desalojos son recurrentes.
La complejidad del problema se agrava por la histórica informalidad en la tenencia de la propiedad en México. Acuerdos privados no formalizados, promesas de escrituras incumplidas y otras anomalías burocráticas dejan a miles de personas en una situación de vulnerabilidad ante los delincuentes.
Los criminales emplean diversas tácticas. En algunos casos, invaden propiedades con la intención de extorsionar a los propietarios, exigiendo sumas considerables para abandonar el inmueble y amenazando con reinvasiones. Para las víctimas, pagar estas cuotas se convierte en una opción económicamente más viable que enfrentar un litigio prolongado.
Otros grupos recurren a la falsificación de documentos para vender las propiedades a compradores incautos, quienes se convierten en víctimas colaterales de estas redes criminales. "Un inmueble es un diamante en bruto", señala Salma Sosa, abogada especializada en despojos, "Es imposible comprar un inmueble, es por ello que se han vuelto un atractivo para la delincuencia".
Legalmente, el delito se denomina "despojo", ya que los delincuentes rara vez logran la propiedad legal del inmueble, aunque ejerzan posesión física. La Ciudad de México se ubica en segundo lugar a nivel nacional en casos de despojo, con 41 mil 81 registrados en la última década, solo superada por el Estado de México, que acumula 46 mil 993.
El tema cobró notoriedad nacional el año pasado tras el caso de "Doña" Carlota Alfaro, una mujer de setenta años que, en defensa de su hogar en Chalco, presuntamente abatió a dos individuos que intentaban invadir su propiedad. Este incidente, aunque ocurrido en el Estado de México, resonó en la capital, evidenciando la desesperación y la audacia de quienes buscan despojar a otros de su patrimonio.
El contexto de gentrificación y el aumento del valor de las propiedades en la Ciudad de México han convertido el despojo inmobiliario en un negocio lucrativo para el crimen organizado. La falta de certeza jurídica, la lentitud del sistema judicial y la complicidad de algunos funcionarios públicos crean un caldo de cultivo ideal para que estas bandas operen con impunidad, dejando a miles de familias en la ruina y la desesperanza.
La situación exige una respuesta contundente por parte de las autoridades, no solo para sancionar a los responsables, sino también para implementar mecanismos que protejan de manera efectiva el patrimonio de los ciudadanos y agilicen la resolución de estos casos. La confianza en la seguridad y la justicia se ve erosionada día a día por la impunidad con la que operan estos grupos delictivos.
En retrospectiva, el despojo inmobiliario en la capital mexicana no es solo un problema de seguridad, sino una crisis social y económica que pone en jaque la estabilidad de miles de familias y la imagen del país ante inversionistas y turistas. La lucha contra estas bandas criminales requiere un enfoque integral que aborde tanto la prevención como la sanción, y que garantice el acceso a la justicia para todas las víctimas.
La narrativa de la seguridad en la Ciudad de México, a pesar de los esfuerzos gubernamentales, se ve empañada por estos actos de barbarie. La percepción de inseguridad se intensifica cuando el propio hogar, el último bastión de protección, se convierte en el blanco de la delincuencia organizada. La inacción o la lentitud del sistema judicial ante estos casos solo fomenta la impunidad y perpetúa el ciclo de despojo.
La problemática del despojo inmobiliario en la Ciudad de México es un reflejo de la profunda desigualdad y la fragilidad institucional que aún persisten en el país. Abordar este fenómeno de manera efectiva es crucial para restaurar la confianza ciudadana y garantizar un entorno seguro y justo para todos los habitantes de la capital.