La Asociación Latinoamericana y del Caribe del Transporte Aéreo (ALTA) ha lanzado una severa advertencia al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum: México debe tomar una decisión crucial sobre el futuro de su sistema aeroportuario, y si el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) ha de seguir siendo el principal punto de entrada y salida para la aviación nacional e internacional, es imperativo destinar recursos sustanciales a su infraestructura.
Peter Cerdá, director general de ALTA, fue enfático en una entrevista exclusiva con El Financiero: "Un objetivo del sector con este Gobierno y el futuro es determinar cuál va a ser nuestro sistema aeroportuario hacia el futuro y si el AICM va a seguir existiendo hay que invertir significativamente en la infraestructura. En el estado que tenemos el aeropuerto hoy en día, el crecimiento se va a estancar". Esta declaración subraya la urgencia de la situación, pintando un panorama sombrío para el futuro de la conectividad aérea en el país si no se toman medidas correctivas inmediatas.
El AICM: Un Gigante con Pies de Barro
Si bien el gobierno actual ha destinado 375 millones de dólares a la remodelación estética de las dos terminales del AICM, estas mejoras se centran en la apariencia y no abordan el problema de fondo: la falta de capacidad. La inversión no ha ido dirigida a incrementar el volumen de operaciones ni a optimizar el flujo de pasajeros, lo que deja al aeropuerto operando en sus límites, si no es que ya superándolos.
La historia reciente del sistema aeroportuario mexicano está marcada por decisiones políticas que han reconfigurado el panorama. La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco, hace ya ocho años, obligó al gobierno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador a replantear la estrategia. Se concibió un sistema metropolitano de aeropuertos, compuesto por el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), el AICM y el aeropuerto de Toluca, con la meta de gestionar el creciente volumen de pasajeros.
Sin embargo, la visión de que el AIFA se convertiría en la terminal aérea del futuro para México no se ha materializado completamente. A pesar de los esfuerzos y la inversión, el AICM sigue siendo el eje central del transporte aéreo en el país, movilizando a la impresionante cifra de 44.6 millones de pasajeros en el último año. Esta dependencia del AICM, a pesar de sus limitaciones, pone de manifiesto la dificultad de reorientar el flujo aéreo y la resistencia de las aerolíneas a migrar a nuevas infraestructuras.
El AIFA: Un Complemento, No un Reemplazo
Desde la perspectiva de las aerolíneas latinoamericanas, el Aeropuerto Felipe Ángeles ha funcionado más como una opción complementaria que como una alternativa viable y principal para las operaciones aéreas, tanto nacionales como internacionales. "La entrada principal al país sigue siendo el AICM. Para las líneas aéreas trasladar sus operaciones al AIFA a nivel internacional no es una opción viable. Puede ser una opción complementaria, pero no es una opción moverse", explicó Cerdá.
Esta reticencia se refleja en las estadísticas: las aerolíneas internacionales han mostrado poco interés en operar de manera significativa en el AIFA, que apenas capta el 5 por ciento de pasajeros extranjeros. En contraste, las empresas aéreas buscan aumentar sus frecuencias en el AICM, incluso ante la saturación crónica y las restricciones previas a la capacidad de vuelos. Esta dinámica subraya la importancia estratégica y la preferencia del mercado por la ubicación y la infraestructura existente del AICM, a pesar de sus evidentes deficiencias.
El Futuro en Juego: Crecimiento o Estancamiento
Cerdá reiteró la necesidad apremiante de que México se prepare para el crecimiento esperado del mercado aéreo, el cual se proyecta que se duplique en las próximas décadas. Ignorar esta proyección y no invertir en la infraestructura necesaria significaría no solo perder oportunidades de desarrollo económico, sino también arriesgarse a un estancamiento que afectaría a toda la cadena de valor del transporte aéreo, desde las aerolíneas hasta el turismo y el comercio.
La reciente reversión de algunas limitaciones impuestas al AICM, como la ampliación en los slots (horarios de aterrizaje y despegue) autorizada por el gobierno, podría interpretarse como un reconocimiento de la centralidad del aeropuerto. Sin embargo, estas medidas son paliativos si no van acompañadas de una inversión estructural profunda que aumente la capacidad operativa y mejore la eficiencia del AICM. La pregunta clave que flota en el aire es si el gobierno de Sheinbaum priorizará la inversión necesaria para mantener la competitividad del sector aéreo mexicano o si permitirá que la falta de visión estratégica y de recursos frene su desarrollo.
El panorama es claro: la inacción o la inversión insuficiente en la infraestructura del AICM podría tener consecuencias devastadoras para la aviación en México. La ALTA ha puesto el dedo en la llaga, señalando que el crecimiento del sector está intrínsecamente ligado a la capacidad y modernización de su principal aeropuerto. La pelota está ahora en la cancha del gobierno, que debe decidir si apuesta por un futuro de crecimiento y conectividad o se resigna a un estancamiento que podría costar caro al país.
En el contexto de la política aeroportuaria mexicana, la decisión sobre el futuro del AICM y la inversión necesaria es un reflejo de prioridades y visiones a largo plazo. Mientras el AIFA busca consolidarse, la realidad operativa y la demanda del mercado siguen apuntando al AICM como el corazón del sistema. La ALTA, como voz del sector, ha emitido un llamado de atención que no puede ser ignorado si México aspira a mantener su relevancia en el concierto aéreo internacional y a capitalizar el potencial de crecimiento de su mercado.
La falta de inversión sustancial en la infraestructura del AICM no solo afecta a las aerolíneas y a los pasajeros, sino que también tiene implicaciones económicas más amplias. Un sistema aeroportuario eficiente es crucial para el turismo, el comercio internacional y la atracción de inversiones. Por lo tanto, la decisión de invertir o no en el AICM trasciende la mera gestión aeroportuaria y se convierte en un factor determinante para el desarrollo económico de México en las próximas décadas.
La ALTA ha sido clara: el crecimiento futuro de la aviación mexicana depende directamente de la inversión en el AICM. La pregunta que queda por responder es si el gobierno de Claudia Sheinbaum estará a la altura del desafío y tomará las medidas necesarias para asegurar que el principal aeropuerto del país pueda soportar y potenciar el crecimiento esperado, o si se permitirá que la falta de visión y recursos conduzcan a un cuello de botella que frene el desarrollo del sector y, por ende, de la economía nacional.