A un año de la conmoción que generó el brutal asesinato de un estudiante en las instalaciones del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur, la comunidad estudiantil percibe un preocupante abandono por parte de las autoridades del plantel en materia de seguridad y atención psicológica.

Lo que en su momento fue un grito de alarma y una exigencia de acciones contundentes, hoy se ha diluido en la indiferencia, según el sentir de los propios alumnos. La sensación generalizada es que, una vez pasada la oleada de indignación y el recuerdo inmediato del trágico evento, el interés de la dirección del CCH Sur por garantizar un entorno seguro y saludable para sus estudiantes ha mermado significativamente.

Desvanecimiento de la Vigilancia

La percepción de inseguridad, que se agudizó tras el lamentable suceso, parece haber regresado a niveles preocupantes, o al menos, la sensación de que las medidas implementadas fueron efímeras. Los estudiantes señalan que la presencia de personal de seguridad se ha vuelto menos constante, y los protocolos que se anunciaron para reforzar la vigilancia parecen haber caído en el olvido o, peor aún, nunca se implementaron de manera efectiva y permanente.

Este relajamiento en la seguridad no solo deja a los alumnos expuestos a posibles incidentes, sino que también genera un ambiente de desconfianza hacia las autoridades escolares. La falta de una presencia policial o de vigilancia visible y constante alimenta el temor de que la violencia pueda resurgir, minando la tranquilidad necesaria para el desarrollo académico.

La Salud Mental, un Tema Olvidado

Paralelamente al declive en la seguridad física, la atención a la salud mental de los estudiantes ha sido otro de los puntos más criticados. Tras el asesinato, se prometieron y, en algunos casos, se iniciaron programas de apoyo psicológico para ayudar a la comunidad a procesar el trauma y la conmoción. Sin embargo, los alumnos afirman que estos servicios se han reducido drásticamente o han desaparecido por completo.

La salud mental es un componente crucial del bienestar estudiantil, especialmente en un entorno académico que puede ser estresante y demandante. La falta de acceso a apoyo psicológico profesional puede tener consecuencias devastadoras, exacerbando problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos que afectan el rendimiento académico y la calidad de vida de los jóvenes.

Un Legado de Impunidad y Olvido

El caso del CCH Sur no es un hecho aislado en el contexto de la violencia que aqueja a las instituciones educativas en México. Históricamente, la respuesta a estos eventos suele ser intensa en las primeras semanas, con promesas de justicia y mejoras, pero con el tiempo, la atención se desvía y las soluciones se posponen o se olvidan. Este ciclo de indignación seguida de olvido deja una profunda cicatriz en las comunidades afectadas.

La falta de seguimiento y la aparente desatención a las necesidades de seguridad y salud mental de los estudiantes del CCH Sur plantean serias interrogantes sobre el compromiso real de las autoridades educativas para proteger y apoyar a su población. La memoria del estudiante fallecido merece más que un recuerdo efímero; exige acciones concretas y sostenidas que garanticen que un evento tan trágico no se repita y que la comunidad estudiantil se sienta segura y cuidada.

Implicaciones y Llamado a la Acción

Las declaraciones de los alumnos no son meras quejas; son un reflejo de una realidad que exige atención inmediata. La relajación de las medidas de seguridad y la disminución del apoyo psicológico envían un mensaje desalentador a la comunidad estudiantil: que su bienestar no es una prioridad constante. Esto puede tener repercusiones a largo plazo en la confianza de los estudiantes hacia las instituciones y en su propio desarrollo personal y académico.

Es fundamental que las autoridades del CCH Sur, así como las instancias educativas superiores, retomen con seriedad las demandas de los estudiantes. No se trata solo de cumplir con un aniversario, sino de implementar políticas y programas efectivos que aseguren un entorno educativo seguro, inclusivo y que priorice la salud integral de cada uno de sus miembros. La memoria del estudiante asesinado debe ser un motor para el cambio, no un recordatorio de la negligencia.

En contexto, la inseguridad en entornos educativos ha sido una preocupación recurrente en diversas partes del país. Los incidentes violentos en escuelas, a menudo vinculados a disputas territoriales, acoso o problemas personales, ponen de manifiesto la necesidad de estrategias de prevención y reacción más robustas. La atención a la salud mental, por su parte, se ha reconocido cada vez más como un pilar fundamental para el desarrollo de los jóvenes, y su ausencia o deficiencia puede agravar los problemas de violencia y desintegración social.

La comunidad del CCH Sur espera respuestas tangibles. La exigencia de seguridad y apoyo psicológico no es una demanda excesiva, sino un derecho fundamental de todo estudiante. El tiempo ha demostrado que las promesas vacías no son suficientes; se requieren acciones concretas y un compromiso genuino para transformar la percepción de olvido en una realidad de protección y cuidado.

El futuro de la comunidad estudiantil del CCH Sur depende de la capacidad de sus líderes para escuchar, actuar y demostrar que la vida y el bienestar de sus alumnos son, y seguirán siendo, la máxima prioridad. El aniversario de un hecho tan doloroso debe servir como un catalizador para fortalecer las medidas de seguridad y revitalizar los programas de salud mental, asegurando un ambiente propicio para el aprendizaje y el crecimiento personal.