La industria automotriz mexicana, uno de los pilares de la economía nacional, está resintiendo con fuerza las políticas comerciales de la administración de Donald Trump. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones de vehículos y autopartes hacia Estados Unidos sufrieron una caída del 11.3%, lo que se traduce en una pérdida de 4,870 millones de dólares.

Esta contracción, aunque significativa, no ha sacado a México de su posición estratégica en la cadena de suministro norteamericana, ya que el país sigue aportando cerca del 40% de las compras automotrices estadounidenses. Sin embargo, los datos son una clara advertencia sobre la erosión que los aranceles están provocando en una de las relaciones comerciales bilaterales más importantes.

La afectación más profunda se observa en los automóviles terminados. Las compras estadounidenses de vehículos mexicanos se desplomaron un 22%, representando una merma de 2,524 millones de dólares. De manera similar, los camiones, autobuses y vehículos de uso especial también vieron reducidas sus ventas en un 18.7%, con una pérdida de 2,128 millones de dólares.

Las autopartes, por su parte, mostraron una mayor resistencia, con una caída de apenas el 1.1% en las compras estadounidenses. Esto sugiere que la integración productiva en este segmento se mantiene más sólida, a diferencia de los vehículos completos que enfrentan un panorama considerablemente más adverso.

La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) ha manifestado su preocupación ante el impacto de los aranceles. Si bien la industria ha logrado, hasta ahora, contener el traslado de costos a los consumidores, la capacidad de absorción de estos impactos comienza a agotarse, lo que podría derivar en presiones inflacionarias.

El gobierno mexicano, encabezado por el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha intensificado su estrategia para obtener un mejor trato arancelario. La postura oficial busca que la discusión trascienda los aranceles individuales y se aborde la región de Norteamérica como un ecosistema productivo integrado, donde las reglas de origen y las cadenas de suministro compartidas entre México, Estados Unidos y Canadá tengan un peso preponderante.

Esta visión se alinea con la necesidad de revisar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Ebrard ha enfatizado que la profunda integración manufacturera de la región amerita un trato diferenciado en comparación con países fuera del bloque comercial.

La preocupación del sector privado es palpable. Óscar del Cueto, presidente de la American Chamber México (AmCham), ha señalado que algunos vehículos fabricados en México enfrentan tarifas más altas al ingresar a Estados Unidos que unidades provenientes de Europa, a pesar de la alta integración productiva regional.

"Si hoy traemos un vehículo de Europa hacia Estados Unidos paga menos tarifas que un vehículo que sale de México hacia Estados Unidos. Ese tipo de cosas son las que más nos preocupan", afirmó Del Cueto, quien detalló que las empresas mantienen diálogos con las autoridades de ambos países para mitigar el impacto de las medidas comerciales impulsadas por Washington.

Actualmente, las armadoras y proveedores mexicanos enfrentan aranceles del 25% en el sector automotriz y del 50% en acero y aluminio, bajo la Sección 232 de la legislación comercial estadounidense. El sector empresarial aboga por un esquema arancelario que reconozca la integración productiva de Norteamérica y otorgue un trato preferencial a México y Canadá frente a competidores extrarregionales.

En una misiva dirigida a sus homólogos en ambos países, Marcelo Ebrard reiteró la urgencia de eliminar los aranceles que afectan el comercio regional. Además, propuso una extensión de 16 años para el T-MEC y el mantenimiento del esquema de libre comercio entre las tres naciones.

Es importante destacar que el deterioro en las exportaciones automotrices no fue exclusivo de México. Las compras totales de Estados Unidos a los principales proveedores seleccionados descendieron un 15.1%. Sin embargo, Canadá sufrió un impacto aún mayor, con una disminución del 22.8% en sus exportaciones automotrices hacia Estados Unidos.

La caída en el sector automotriz mexicano subraya la vulnerabilidad de la economía ante las políticas proteccionistas y la necesidad imperante de una estrategia clara y contundente para defender los intereses nacionales en el marco de la revisión del T-MEC y las futuras negociaciones comerciales.