El Mundial de Fútbol de 2026, un evento que promete paralizar a millones de aficionados en México, Estados Unidos y Canadá, se perfila no solo como una fiesta deportiva, sino también como un potencial caldo de cultivo para la propagación de enfermedades infecciosas. La concentración masiva de personas provenientes de diversas partes del mundo, sumada a las condiciones sanitarias preexistentes en las sedes, ha encendido las alarmas entre especialistas en salud pública.

Andrés Henao, profesor asociado de Medicina y Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Colorado Anschutz, ha sido uno de los voces más claras al respecto. Henao describe el torneo como un "experimento de varias semanas de interacción global que crea el entorno perfecto para la propagación de enfermedades". Su advertencia no es menor, pues se enfoca en padecimientos que se transmiten con facilidad en aglomeraciones, como el sarampión, la gripe y el COVID-19.

El Fantasma del Sarampión y la Gripe

El sarampión se ha convertido en una de las principales preocupaciones. Las cifras de contagio en los países anfitriones son alarmantes. Estados Unidos ha registrado cerca de 2 mil casos en lo que va del año, mientras que México supera los 15 mil casos entre 2025 y 2026, con Jalisco como uno de los estados más afectados. Canadá, por su parte, ya suma más de mil casos. La alta movilidad de aficionados podría exacerbar estas cifras, poniendo en jaque los esfuerzos de contención.

La temporada de gripe tampoco se queda atrás. Según Henao, los niveles de contagio en América del Norte para 2025 y 2026 han alcanzado máximos no vistos en tres décadas. La interacción cercana y prolongada entre miles de personas en estadios y zonas de reunión incrementa exponencialmente el riesgo de transmisión de virus respiratorios.

COVID-19: Un Riesgo Persistente

A pesar de que la fase aguda de la pandemia de COVID-19 parece haber quedado atrás, el virus sigue siendo una amenaza latente. Se estima que anualmente provoca la hospitalización de unas 450 mil personas. El Mundial 2026, al concentrar a miles de individuos en espacios cerrados y concurridos, "puede aumentar el riesgo de transmisión", advierte Henao. La posibilidad de nuevas variantes o el resurgimiento de brotes es una realidad que no se puede ignorar.

El Peligro de los Mosquitos y Enfermedades Tropicales

El calendario del Mundial 2026 coincide con el verano, la temporada alta para la proliferación de mosquitos en México y el sur de Estados Unidos. Esto eleva el riesgo de contagio de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue. Los casos de dengue en Estados Unidos, por ejemplo, experimentaron un incremento del 359% en 2024, con casi 3 mil 800 pacientes.

Pero el peligro no se limita al dengue. Existe la posibilidad de que los aficionados, al viajar desde regiones endémicas, introduzcan al país enfermedades como la fiebre amarilla, común en África y Sudamérica, o el virus Oropouche, una infección febril que afectó a Brasil en 2024. Si bien estas enfermedades requieren la picadura de un mosquito infectado para su transmisión, la llegada de personas enfermas podría sobrecargar los sistemas de salud locales, especialmente si requieren atención especializada.

¿Y el Ébola? Una Amenaza Remota pero Presente

Aunque menos probable, la sombra del ébola también se cierne sobre el evento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia sanitaria mundial por un brote de ébola Bundibugyo poco antes del inicio del torneo. Si bien los sistemas de salud de los países anfitriones están preparados para detectar y contener casos sospechosos, la posibilidad de que un viajero infectado llegue a las sedes del Mundial, aunque remota, no puede descartarse por completo. La rápida actuación y la vigilancia epidemiológica serán cruciales.

El Legado de Eventos Pasados

La historia ofrece precedentes preocupantes. Durante y después del Mundial de Alemania 2006, se registró un brote de norovirus, un virus altamente contagioso que causa gastroenteritis. Este antecedente sirve como recordatorio de que los grandes eventos deportivos, por su naturaleza global y masiva, pueden convertirse en catalizadores de propagación de enfermedades. La pregunta que resuena es si la edición de 2026 repetirá esta amarga experiencia.

Preparación y Respuesta: El Desafío para los Sistemas de Salud

Los sistemas de salud de México, Estados Unidos y Canadá enfrentan un desafío monumental. La afluencia de millones de turistas, sumada a las enfermedades endémicas y la posibilidad de importación de patógenos, exige una coordinación sin precedentes. La vigilancia epidemiológica, la capacidad hospitalaria, la disponibilidad de vacunas y tratamientos, y la comunicación efectiva con el público serán pilares fundamentales para mitigar los riesgos.

La experiencia previa con la pandemia de COVID-19 ha dejado lecciones importantes sobre la importancia de la preparación y la respuesta rápida ante brotes infecciosos. El Mundial 2026 será una prueba de fuego para la resiliencia de estos sistemas, y la salud pública deberá ser una prioridad tan importante como el espectáculo deportivo.

Un Llamado a la Conciencia y la Prevención

Más allá de las medidas gubernamentales, la responsabilidad individual también juega un papel crucial. Se insta a los aficionados a tomar precauciones básicas: mantener una buena higiene de manos, evitar el contacto cercano con personas enfermas, y considerar la vacunación contra enfermedades prevenibles como el sarampión y la gripe. La información oportuna y veraz será clave para que los asistentes al Mundial puedan disfrutar del evento de manera segura y saludable.

El Mundial 2026 se presenta como una oportunidad única para celebrar el deporte rey, pero también como un recordatorio de la fragilidad de la salud pública ante la globalización. La colaboración internacional y la vigilancia constante serán esenciales para asegurar que la fiesta del fútbol no se convierta en una pesadilla sanitaria.