A pesar de contar con un incremento en los recursos destinados a la mejora de la infraestructura urbana y la repavimentación de calles, las 16 alcaldías de la Ciudad de México han mostrado un ejercicio presupuestal significativamente bajo en estas áreas clave. Al cierre del tercer trimestre de 2026, los datos oficiales revelan un panorama de subejercicio preocupante, donde apenas se ha utilizado una fracción de los fondos asignados.
Según el segundo informe emitido por la Secretaría de Administración y Finanzas, el Fondo de Repavimentación, que contaba con mil millones de pesos, solo había ejercido el 30 por ciento de su presupuesto. Esto se traduce en que, de la totalidad de los recursos disponibles para mejorar la superficie de rodamiento de las vialidades, solo se ha gastado una tercera parte.
La situación es aún más contrastante cuando se analiza el Fondo de Infraestructura, Movilidad, Agua y Seguridad (FIMAS). Este fondo, dotado con mil 850 millones de pesos, presentaba un ejercicio de apenas el 24.2 por ciento. Esta cifra es alarmante, dado que el FIMAS está diseñado para abordar proyectos de mayor envergadura que impactan directamente en la calidad de vida de los ciudadanos, desde la mejora de vialidades hasta la provisión de servicios esenciales y la seguridad pública.
El subejercicio en estos rubros plantea serias interrogantes sobre la capacidad de gestión y ejecución de las administraciones locales. Históricamente, la inversión en infraestructura y mantenimiento de calles ha sido un pilar fundamental para el desarrollo urbano y la satisfacción ciudadana. La falta de aplicación de estos recursos podría derivar en un deterioro progresivo de las vialidades, un aumento en los tiempos de traslado y una menor eficiencia en la movilidad urbana, además de afectar la percepción de seguridad y la calidad de los servicios públicos.
En contexto, el presupuesto asignado a las alcaldías para estos fondos representa una oportunidad significativa para modernizar la ciudad y atender demandas ciudadanas postergadas. La decisión de asignar recursos específicos para repavimentación e infraestructura subraya la importancia que estas áreas tienen en la agenda pública. Sin embargo, la baja ejecución observada pone en entredicho la efectividad de los mecanismos de planeación y gasto implementados por las demarcaciones.
Analistas del sector financiero y urbano suelen señalar que un ejercicio presupuestal bajo en infraestructura puede deberse a diversas causas. Entre ellas se encuentran la complejidad de los procesos de licitación y contratación, la falta de personal técnico capacitado para la supervisión de obras, o incluso una priorización de otros gastos no contemplados originalmente en el presupuesto. También podría indicar una falta de proyectos bien estructurados o una estrategia de gasto conservadora que retrasa la aplicación de los fondos.
La Secretaría de Administración y Finanzas, al presentar estos informes, busca fomentar la transparencia y la rendición de cuentas. La publicación de estos datos es un paso crucial para que la ciudadanía y los órganos de fiscalización puedan evaluar el desempeño de las autoridades locales. La discrepancia entre los recursos disponibles y los efectivamente gastados en obras de infraestructura y repavimentación es un tema que requiere atención inmediata.
La falta de inversión en repavimentación, por ejemplo, no solo afecta la circulación vehicular, sino que también puede generar mayores costos a largo plazo, ya que el deterioro de las calles puede provocar daños a los vehículos y requerir reparaciones más costosas en el futuro. De igual forma, el retraso en proyectos de infraestructura puede tener implicaciones económicas y sociales, al no generar los empleos esperados ni mejorar la conectividad y los servicios básicos.
El informe de Finanzas, al detallar estos porcentajes de ejercicio, invita a una reflexión profunda sobre la eficiencia del gasto público en la capital. Es fundamental que las alcaldías no solo cuenten con los recursos financieros, sino que también demuestren la capacidad de gestionarlos de manera efectiva y transparente para el beneficio de la población.
La ciudadanía espera que los recursos públicos se traduzcan en mejoras tangibles en su entorno. El subejercicio en rubros tan sensibles como la repavimentación y la infraestructura genera desconfianza y cuestionamientos sobre la priorización de las necesidades ciudadanas por parte de las administraciones locales.
En los próximos meses, será crucial observar si las alcaldías logran acelerar el ejercicio de sus presupuestos para cumplir con los objetivos de mejora urbana para los cuales fueron diseñados estos fondos. La rendición de cuentas sobre el destino final de cada peso invertido será vital para reconstruir la confianza en la gestión pública.
La comparación interanual y entre alcaldías podría ofrecer un panorama más detallado sobre las causas específicas de este bajo ejercicio. Sin embargo, los datos presentados hasta el tercer trimestre de 2026 ya señalan una tendencia preocupante que amerita una revisión exhaustiva de los procesos administrativos y de planeación en las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México.